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Lo natural es la religión

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  • A mí que no me digan: lo natural es el matrimonio entre un hombre y una mujer. El resto de matrimonios no sirven para tener hijos
  • ¿El matrimonio tiene que ver con la naturaleza o es algo social?
  • Quiero decir que lo natural son las relaciones sexuales hombre-mujer
  • Si solo existiesen los heterosexuales sí, pero la naturaleza no solo crea heterosexuales por lo que lo natural para unos es la relación hombre-mujer y para otros lo natural es la relación hombre-hombre o mujer-mujer. Todos somos parte de la especie humana, no solo los heterosexuales
  • Pero los otros no pueden tener hijos
  • ¿Y?
  • Que las relaciones sexuales existen para poder tener hijos
  • ¿Y eso quién lo dice?
  • La naturaleza
  • La naturaleza crea seres humanos, pero en ningún sitio está escrito que vengamos al mundo para cumplir una misión, ni la de procrearnos ni ninguna
  • ¿Entonces para qué nos dota la naturaleza de órganos sexuales?
  • Los tenemos, y se pueden usar para la reproducción, pero eso no quiere decir que alguien los haya puesto ahí para que podamos cumplir con una misión diseñada ni por la naturaleza ni por Dios
  • Yo no he hablado de Dios
  • Estás hablando todo el rato de Dios

Hace ya años (nos hacemos mayores, ¿verdad ariovisto?) que mantuve una discusión privada con un forero sobre si la homosexualidad era una enfermedad o no. Este forero nunca hasta entonces se había identificado como cura, pero un tiempo más tarde supe que lo era. Su postura, a la que podríamos llamar «naturalismo» no era sino una forma de presentar sus creencias religiosas como si en realidad no fueran tales, sino el dictado de la mismísima naturaleza. El diálogo que he puesto al inicio refleja más o menos las posturas, pero, por aclararlo un poco, sus falaces argumentos se basaban en expresiones del estilo:

«Tenemos ojos para poder ver: si naces sin ojos no puedes usar un órgano para la función para la que ha sido concebido y por tanto tienes una enfermedad»

Es decir, omite la palabra Dios, habla de naturaleza, pero lanza como dogma que nuestra naturaleza es la que dictamina que somos como somos para algo. Mi argumento contra su falacia:

«Tenemos ojos y gracias a ellos podemos ver. No es que los ojos estén ahí para eso, porque eso querría decir que alguien asigna una función o misión a las cosas (los órganos), y no hay nadie que haga eso. Están y los usamos, no hay más. Si poder ver o no es una enfermedad es una declaración que los seres humanos deciden cuándo es aplicable, no lo decide la naturaleza. El concepto de enfermedad es una creación del ser humano»

Por supuesto no llegamos a ningún acuerdo. Y básicamente nos quedamos enrocados en ese punto, en el que él trataba de hacer pasar como cosa de la naturaleza los dictados de su religión.

Google me ha llevado a una página donde se recogen argumentos similares a los de este cura del que hablo: «la homosexualidad es una inclinación del instinto sexual incongruente con la naturaleza de la especie humana, el instinto de conservación y el acceso al amor de benevolencia«. Un poco más adelante se deja claro que «un acto se ha considerado y se considera natural cuando está en armonía con la esencia del hombre, con su ser tal como ha sido querido por Dios«. O sea que cuando dice naturaleza, en realidad quiere decir Dios.

No entiendo qué es eso del acceso al amor de la benevolencia (ni me importa, la verdad), dejo para luego lo del instinto de conservación, y me centro en lo de la incongruencia con la naturaleza de la especie humana. ¿Quién ha definido la naturaleza de la especie humana de forma que deja fuera a los homosexuales? Porque la propia naturaleza no ha sido, pues hay heterosexuales y homosexuales y los ha habido siempre. ¿Cómo puede ser incongruente con la naturaleza lo que se crea de forma natural, sin intermediación ni manipulación alguna por parte del hombre?

En cuanto al instinto de conservación, ¿es un mandato divino que debemos tenerlo? Porque la naturaleza a algunos nos orienta de forma que es más fácil que tengamos hijos y a otros de forma que es más difícil o imposible, pero no es la naturaleza la que dice que debamos tener instinto de conservación. Luego no tenerlo no va contra la naturaleza, sino contra los dogmas religiosos. Más adelante el texto dice de la homosexualidad: «en todo caso si la naturaleza lo promoviese como un objetivo deseable de comportamiento humano hace siglos que el hombre hubiera desaparecido de la faz de la tierra y el planeta estaría poblado por los simios y los insectos -la especie más resistente en la escala zoológica-«. ¿La naturaleza es un ente inteligente que toma decisiones sobre qué debe o no debe promoverse? Yo creo que la naturaleza ni promueve ni deja de promover. Si la persona que lo ha escrito es consciente, como hemos visto antes, de que su concepto de naturaleza es el de «la creación de Dios», ¿por qué trata de vender al lector como un hecho científico y no sesgado por la religión lo que la naturaleza promueve? ¿Por qué no dice si Dios lo promoviese? Es curioso pensar que si se sustituye en ese texto «naturaleza» por «Dios» tendríamos que concluir que los homosexuales existen porque así lo quiere Dios. ¿Cómo podrían estar entonces en contra de la naturaleza(=Dios)?

No he leído todo el documento, pero he visto algún otro razonamiento (con perdón) que me llama la atención. Por ejemplo del texto se deduce que las enfermedades de origen genético no existen: «Si la homosexualidad se asentara en un causa genética, bien en un cromosoma o en genes distintos de varios cromosomas, hubiera desaparecido como una alternativa de la conducta humana sexual por su esterilidad e inutilidad en cuanto al aseguramiento del hombre futuro«. No sé cuál es el origen de la homosexualidad (¿debe importarme?), pero siguiendo ese argumento cualquier enfermedad de origen genético no puede existir pues habría desaparecido por su inutilidad en cuando al aseguramiento del hombre futuro. Lo que no sirve para reproducirse no existe: ¡cuestión de ciencia!

Por cierto, la página a la que me refiero está alojada en el «Instituto Valenciano de Fertilidad, Sexualidad y Relaciones Familiares (IVAF)»

Maybe there’s a God above
But all I ever learned from love
Was how to shoot at someone who outdrew you

Insultos

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Si en la entrada anterior del blog relaté la mentira que va contando mi cuñada sobre mis actos en su contra, en ésta voy a contar cómo me insulta ante mi familia.

Esta señora se acercó a mí un día y me dijo algo así como «tú y yo tenemos que hablar». Puesto que esta persona, desde que me faltó al respeto, para mí no existe, la mandé a pastar diciéndole con contundencia «olvídame». Insistió una vez diciendo «hombre, eso no es», y le repetí «olvídame». Desde luego no se lo dije cariñosamente en ninguno de los dos casos.

¿Qué anda diciendo ella? Por un lado lo pone como ejemplo de cómo «la he tratado», y dice que la mía fue la actitud más violenta que ha visto en su vida. Y lo remata con el comentario de que cree que si la hubiera tenido más cerca en ese momento, le habría pegado.

No me sorprende de su parte, y la imagen que tengo de ella no se ve alterada por este insulto. Pero me llama la atención cómo logra convertirse en víctima e insultarme gravísimamente, todo en uno. Y además le sale gratis. Ante este insulto la gente reacciona diciendo «no, mujer, no creo que te hubiese pegado»: ella es la víctima y yo el potencial agresor, aunque no haya habido ninguna agresión y la víctima de sus maniobras sea yo. Como decía, me insulta ante mi familia y recibe consuelo, en lugar de un «vete a la mierda, subnormal, ¿cómo dices que mi hijo/hermano/marido sería capaz de pegarte? Vete y que no vuelva a verte», o parafraseando a Harrison Ford, «Estás hablando de mi hijo/hermano/marido, pero creo que estás pensando en tu padre». Qué hábil es esta señora en el insulto. Y yo quedo bajo sospecha de ser una persona potencialmente violenta. La gente menos habilidosa cuando quiere mostrar su desprecio hacia alguien la llama subnormal, hija de puta, o cosas así, con lo que el que insulta se convierte en el agresor (verbal) y el insultado en la víctima. ¡Qué torpes comparados con mi cuñada!

Mi mujer me decía que no contase nada en el blog, pues encima al que lo leyese siempre le entraría la duda de si habría algo de cierto. Exactamente lo mismo que habrán pensado los miembros de mi familia que hayan escuchado a esta señora insultarme y que encima, presupongo, habrán respondido tratando de tranquilizarla. Difama, que algo queda. ¿Me va a quitar hasta la posibilidad de contarlo para evitar que la gente se lo plantee? Bueno, pues yo lo cuento y me desahogo. Y cada uno que piense lo que quiera.

La «actitud más violenta que ha visto»… sí que debió ser grave, pobrecita.

Sigo pensando que no quiero compartir mi vida con personas que me faltan al respeto. Prefiero infinitamente la soledad, si es que ha de ser así. ¿Olvídame? Pues sí, olvídame. Sin odio y sin rencor, simplemente escojo con quién quiero estar.

La cuñada

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Poco a poco me voy enterando del origen de los problemas que se crearon en mi familia las pasadas navidades. La realidad no dista mucho de lo que pensaba, pero ahora el cuadro está más completo.

Al parecer el origen de todo es que mi cuñada no estaba a gusto en la comida semanal (en casa de mis padres). Quizá se aburría o quizá se sentía desatendida. Quizá ambas cosas. Lo único que sé a ciencia cierta es que ahora dice que el problema era que mi hermano y yo siempre hablábamos de los mismos temas, temas que a ella «la dejaban fuera». Como esa situación le tocaba las narices, afirma (yo no lo recuerdo) que propuso que los dos hermanos nos reuniésemos otro día de la semana para hablar de nuestras cosas, y que así en la reunión familiar se hicieran las cosas más a su gusto. Como no lo hicimos y la situación no cambió, poco a poco se fue poniendo más y más negra hasta que las pasadas navidades ya no pudo más y muy enfadada dijo en voz alta y con toda seriedad que ya estaba harta del tema del que hablábamos en ese momento.

Una vez salió a la luz el problema, me ha criticado ante miembros de mi familia por mi falta de consideración hacia ella, pues según ella seguí hablando con mi hermano de los temas que nos interesan a los dos «sabiendo perfectamente» que eso a ella le molestaba.

Para mí esta explicación es nueva. Yo veía cómo impedía a mi hermano hacer cosas conmigo, pero ni me planteé qué razones podía tener ella para estar dando por culo de esa manera.

Ahora esta señora piensa que sus modos al decir que estaba harta no fueron correctos, pero no se arrepiente de haberlo dicho, pues desde su pùnto de vista pidió de buenas maneras que cambiáramos a temas de conversación de su interés y no le hicimos caso, por lo que cree que su cabreo está justificado.

Desde luego esta señora y yo nos parecemos poco. Si yo no me siento a gusto en un sitio, dejo de ir. O me quedo menos tiempo, aunque mi marido se quede un rato más. O voy con menor frecuencia. Es decir, actúo sobre mi vida, sin pedir ni esperar que los demás cambien sus comportamientos para adaptarse a mí. Además una persona inteligente ni siquiera se enfadaría: «mi marido está contento, se encuentra a gusto con su familia, pues perfecto». Una persona inteligente sabría ser feliz. Una persona inteligente habría cambiado su posicición en la mesa y habría expresado abiertamente que lo hacía para poder participar en esas conversaciones. Y se habría integrado sin problemas, pasando un rato agradable con la familia de su marido. Ante una misma situación se puede elegir disfrutarla y ser feliz, o lo contrario.

Dice que nuestros temas de conversación la dejan fuera a ella, así que (supuestamente) nos pidió que cambiáramos de temas. ¿Cómo que la dejan fuera? En lugar de pedir a los demás que nos adaptásemos a ella, ¿no se le pasó por la cabeza ser ella la que se adaptase? ¿Por qué no se incorporaba ella a las conversaciones, aunque los temas no le interesasen? Las conversaciones no la dejaban fuera: ella se quedaba fuera. Ella no hizo en ningún momento un esfuerzo por integrarse. Es exactamente el mismo esfuerzo que nos reclamó hacer a los demás. ¿Será de la realeza? ¿O es que se cree el ombligo del mundo? Todos atentos a las necesidades de la señora marquesa.

En concreto el problema soy yo (no otros miembros de la familia), mis temas de conversación y mi desinterés por buscar y adoptar un tema de conversación que le parezca interesante a ella. Aunque reitero que yo ni siquiera sabía que ella quería eso, el mismo desinterés hay por su parte hacia mí y mis temas de conversación, que ha habido de mí hacia los suyos. La misma «desconsideración». Pero yo no le recrimino a nadie que no haga un esfuerzo por meterse en una conversación que no le interesa. Que cada uno haga lo que quiera.

Dudo de que tenga razones para cabrearse porque los temas de conversación no sean de su agrado. Que algo no te guste no necesariamente tiene que llevar al cabreo. Pero cada uno es como es. Eso sí, que el cabreo se lo quede para ella: me parece increíble que alguien tenga la mala educación de pedir a un extraño que cambie de tema, porque le cansa, porque no le interesa, o por lo que sea. Y el colmo es que recrimine que su petición no es atendida (tildándolo encima de una «falta de consideración» hacia su persona).

Esta señora tenía mil formas de actuar para corregir su problema que no pasaban por pretender alterar el comportamiento de los demás. En lugar de resolver su problema ha generado un problema mayor que alcanza a otras personas. No es inteligente.

Las mentalistas

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Mentalista: alguien que usa agudeza mental hipnosis o sugestión. Un maestro manipulador del pensamiento y del comportamiento (The mentalist, serie de TV)

La cuñada

Mi cuñada tiene un concepto clarividente de qué se debe hacer en las reuniones familiares. No de qué debe hacer ella, sino de qué debemos hacer los demás. Y si mi familia no sigue las pautas que ella establece, llegan las malas caras y los reproches, casi siempre a su marido, pero que en cualquier caso sufre toda mi familia. En la última reunión familiar, en plena comida explotó: nos dijo indignada que ya estaba negra de que mi hermano, o sea su marido, y yo, hablásemos de carreras de coches. Tal y como suena.

La primera norma que impuso fue que no se podía usar el ordenador. Esa norma ya viene funcionando desde hace meses. Recuerdo haber llegado un día a una de esas reuniones con ilusión para enseñarle a mi hermano una cosa que había hecho. No pude enseñársela porque ella no se lo permitió. Me invadió la rabia, pero me callé, y solo acerté a no separarme en todo el día del ordenador, una nimia muestra de rebeldía, y a ignorar cómo esta señora relataba su estancia en no sé qué balneario. Desde entonces ya sé que enseñarle algo a mi hermano en el ordenador es buscarle problemas.

Seguramente lo de esta señora no es maldad. Simplemente tiene la profunda convicción de que las reuniones familiares son para hacer A y B o para hablar de X y Z, y se pone negra cuando vé que la gente no se comporta según su criterio. Seguramente ni sabe que los miembros de mi familia podemos tener otras prioridades, otros criterios, otros deseos y otras necesidades, que en cualquier caso no imponemos a nadie. No se puede ir por la vida diciéndole a la gente lo que debe hacer.

La madre

La madre, mi madre, también tiene una forma de ver las reuniones familiares. Está firmemente convencida de que las cosas deben ser de una forma concreta, y no ha dudado en tensar la relación entre los hermanos llevándola al límite, ni en retorcer voluntades recurriendo a lo que hiciera falta, incluyendo el más descarnado chantaje emocional, para que las cosas sean como ella desea. Ha impuesto su visión, su deseo, a todos sin respetar los deseos ni la libertad de nadie. Pero no encontraremos en ella el más mínimo remordimiento: sabía lo que quería y estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para conseguirlo. Lo decía claramente y sin pudor. Lo tenía clarísimo. Lo ha conseguido y está satisfecha.

Yo no lo estoy. No estoy satisfecho. Y es posible que las heridas que ha generado mi madre entre los hermanos no se curen nunca.

Hay tres parámetros clave en las relaciones humanas: el afecto/amor, la confianza y el respeto. Podemos tener trato con personas que no nos quieren o a las que no queremos: sería absurdo pretender que todo el mundo que tratamos nos quiera o que les queramos. Tampoco es necesario confiar en todas las personas que conocemos, ni todas van a confiar en nosotros. Pero no tiene sentido mantener el contacto con personas que no nos respetan. Venimos a este mundo solos y sin obligación de relacionarnos con nadie en concreto. Si alguien no nos respeta, no pasa nada por cortar de raíz la relación con esa persona. No hay obligación de tratar a nadie. No tenemos porqué soportar a nadie que nos muestre su desconsideración o su falta de respeto. No es cuestión de desprecio ni de falta de aprecio, simplemente la elección de con quién queremos pasar nuestra vida.

Unas navidades para olvidar…

Personas que se nos van

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Echando un poco la vista atrás te das cuenta de que poco a poco, personas a las que aprecias nos han ido dejando. Por mucho que sea ley de vida (ley de muerte), uno no se acostumbra.

El último en irse ha sido Antonio. Recuerdo con cariño los meses, que fueron años, en los que los dos íbamos a comer a cualquier sitio cerca del trabajo. A veces  nos acompañaban otras personas, pero hubo un tiempo en el que solo estábamos los dos. Antonio era una buena persona, una persona entrañable, y un gran conversador. Siempre tenía una historia interesante que contar, siempre era interesante estar con él. Siempre con su peculiar forma de reír y siempre con prodigiosa tranquilidad.

No recuerdo un mal gesto ni una mala palabra, ni una mala acción.

Y cuando tuve que desplazarme a  otra ciudad por motivos familiares, lloré, lloré como estoy llorando ahora, porque aparte de dejar un lugar de trabajo donde estaba encantado y de alejarme de otros amigos, también perdía las comidas con Antonio. Que posiblemente algún día acabaran o cambiaran –nada dura eternamente–, pero me dolía tener que renunciar a eso. Aún recuerdo el día que fui a su despacho a contarle que había decido marcharme y las razones.

En el tanatorio conocí a su hermano, y en cierta manera fue reconfortante encontrar en él a Antonio, su risa, su cara, sus gestos, su forma de relatarnos historias que Antonio ya nos había contado. Casi podías esperar que bromease sobre el nombre de mi perrita o que te contase cómo sus perros lograban escaparse del chalé y sus triquiñuelas para impedirlo. Estar con su hermano y con E., su desconsolada viuda, fue un poco estar con él y despedirnos.

Nadie debería morir tan joven.

Socialismo en las aulas

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Creo que anda el Supremo deliberando sobre la objeción a Educación para la Ciudadanía. Esta asignatura debió haber paralizado el país, si Rajoy tuviera algún principio y ganas de hacer algo desde la oposición. Pero le parece todo tan, tan aburrido…

Yo digo NO a Educación para la Ciudadanía:

  1. Porque en educación los contenidos deberían ser fruto del consenso y del diálogo, no de la imposición del gobierno de turno.
  2. Porque una asignatura cuyos contenidos son «ser buen ciudadano» es una sandez. No se puede enseñar a ser bueno: se puede dotar al ciudadano de una buena formación y se debe confiar en que, desde la libertad individual, esa base permita el desarrollo de una ciudadanía responsable (ver vídeo).
  3. Se debe respetar la legalidad y los derechos humanos:
    1. se debe respetar el derecho de los padres a dar la educación en valores que consideren apropiada. ¿Lo dice Dicybug? No, lo dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 26.3). Al final de este artículo hay una recopilación de Declaraciones y Convenios suscritos por España y que estamos violando.
    2. se debe respetar el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones. Artículo 27.3 de la Constitución Española. ¿Puede ser más explícita la constitución? ¿Sirve para algo la constitución?
    3. «nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias» (artículo 16.1 de la Constitución Española). ¿Cuál es el papel de los niños en esas clases? ¿todos callados?
  4. Es incoherente que se viole la legislación para enseñar a los niños a ser «buenos ciudadanos».
  5. A lo mejor es el profesor el que tiene que aprender de los niños. De matemáticas o de lengua sabrá más que los niños, pero ser profesor no hace ser mejor persona que los niños. ¿No deberían algunos profesores aprender de algunos niños y no al revés? ¿Quién garantiza que el profesor puede enseñar a ser buena persona? ¿Es él mismo un buen ciudadano? ¿Es buena persona? En mi opinión se da la paradoja de que si un «profesor» enseña EpC, está incapacitado para tratar de enseñar a ser buen ciudadano a nadie. Un profesor no necesariamente tiene autoridad moral.
  6. Es una asignatura totalitaria/socialista: el estado viola la libertad y los derechos individuales de los ciudadanos para «supuestamente» conseguir un mundo mejor. Puro socialismo. Es casi la definición. Nunca ha funcionado, al menos en el sentido que nos quieren hacer creer.Los niños son de los padres, no del estado, que no puede actuar sobre ellos para moldearlos al gusto de los que mandan y con la oposición de sus padres.
  7. Es una mentira. Nos dijeron que sus contenidos eran «la constitución», y luego enseguida vimos que no es así. Si sus contenidos fueran exclusivamente «la constitución española, los derechos humanos y las instituciones democráticas» creo que nadie se hubiese opuesto. Al menos no de forma razonable.
    • «Los derechos humanos son el marco irrebasable de esta asignatura. Y no tiene sentido negarse a recibir este tipo de educación, fundamento de nuestra convivencia». Jose Antonio Marina
    • «¿Alguien puede estar en contra de que nuestros niños adquieran elementos de lo que constituye la convivencia y los valores constitucionales?». De la Vogue.
  8. Es incoherente que se abogue porque en las escuelas haya una religión sin parte confesional o que no haya religión, pero que se imponga la moral de un segmento de la sociedad como si fuera una «religión laica».
  9. Es una asignatura cuyos contenidos tienen un alto nivel de indefinición, lo que dificulta que los padres defiendan sus derechos (algo reconocido hasta por el Tribunal Supremo de la Junta de Andalucía).
  10. La educación en valores se debe hacer desde el amor que solo los padres tienen hacia sus hijos. El gobierno o el estado no ven en ellos más que sucio interés político, partidista y sectario: un punto de partida fabuloso para enseñarles a ser buenos ciudadanos.

Esto no debería estar pasando en un estado de derecho. Hay más de 50000 familias que han objetado. Nunca tendrían que haberlo hecho, porque esta asignatura nunca debería haberse implantado.

!Marianic, despierta! ¿Ya estás despierto? Pues hala, a tu casa bonico que ya has hecho bastante mal.

La objeción a EpC es la esencia de la democracia.

PD: pongo enlaces interesantes:

Tan solo tu voz

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Snowboarding

El alma liberada del cuerpo. Tan solo voces, pero sin voz. Pensamientos sin adornos, sin colores, sin luces de neón. Rubias despampanantes que son niñas de siete años sin ideas y sin interés. O alegría de vivir de una niña pequeña, combinada con la madurez de una madre y las lecturas de una intelectual. Ideas desprovistas de fuegos artificiales y que no pueden engañar ni engatusar con una cara dulce, un gesto amable o un tono de voz sincero. No te esfuerces, no hay más seducción que la intelectual. Y también hay mentira, muchas mentiras, y almas grises o negras que solo saben hablar con el lenguaje del engaño o del dolor; del que quiere y puede causar dolor. Niños de todas las edades que entienden que para jugar y divertirse solo existe el dedo en el ojo, el empujón y el puñetazo, el insulto y la amenaza.

Almas que fingen ser blanco de titanio pero no son más que hediondo y pringoso aguarrás. Almas que engañan.

Almas que juegan, se entretienen y se divierten.

Almas que discuten y se enfadan, que se atacan y se defienden.

Almas que esconden.

Almas que no entienden y que no se entienden.

Almas que necesitan tiempo para entender, para aprender, para conocerse, para confiar.

Almas sujetas a un entorno que no dominan y cuyas puertas están abiertas para las almas blancas, pero donde se cuelan las grises y las negras. Y almas negras y grises esperando su oportunidad para causar mal a otras almas.

Almas que molestan porque no dan para más.

Almas que se entregan, que esperan, que desean, que exigen.

Almas desnudas que enseñan su vergüenzas, sus virtudes, sus anhelos y sus miedos como no lo hacen ni lo harían en otro tiempo y lugar. O que los ocultan como no podrían hacerlo en ningún otro sitio.

Palabras de amistad que lo son, o que no lo son ni lo pretenden.

Amigos que no son amigos, conocidos a los que conoces mejor que a algunos amigos, y conocidos a los que nada conoces.

Un juego, un compromiso, un gozo y un sufrimiento.

Amistades más profundas. Amistades más superficiales.

Palabras y vida.

El derecho a la salud (o cómo torear al ciudadano)

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  • Me calentaba los cascos en mi escrito anterior con el tema del aborto y resulta que esto ya lo tienen resuelto en Naciones Unidas.
  • ¿En serio? No me lo creo, pero si no son más que unos inútiles.
  • ¡Pues no, te equivocas! Fíjate lo que dicen: «Todo ser humano tiene derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud que le
    permita vivir dignamente»
  • No te entiendo, ¿qué tienen que ver el derecho a la vida y el aborto, con la salud?
  • ¡Ignorante! ¿Es que no sabes lo que es la salud genésica?
  • ¿Genésica? Me suena haberlo leído hace poco…
  • ¡Venga ya! No tienes ni idea. Yo te lo explico: la salud genésica «significa que la mujer y el hombre están en libertad para decidir si desean reproducirse y en qué momento, y tienen el derecho de estar informados y tener acceso a métodos de planificación familiar seguros, eficaces, asequibles y aceptables de su elección, así como el derecho de acceso a los pertinentes servicios de atención de la salud que, por ejemplo, permitirán a la mujer pasar sin peligros las etapas de embarazo y parto«.
  • ¡Coño! Si ahora resulta que el aborto es «salud genésica». Claro, ¿quién te va a negar el derecho al nivel más alto de salud, es decir el derecho a abortar?
  • ¿De quién hablamos, de la madre o del niño? ¿Si la madre aborta, en qué queda el derecho del niño a disfrutar el nivel más alto de salud? Yo diría que que te maten es el nivel más bajo de salud. ¿Qué pasa con la «salud genésica» del niño al que se mata? ¿Tendrá ese niño libertad para decidir si desea reproducirse y en qué momento? Recordemos que dicen que «todo ser humano tiene derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud que le permita vivir dignamente». Si te matan…
  • Todo ser humano menos el que está en el vientre.
  • Parece que en Naciones Unidas se han calentado mucho los cascos para meternos el aborto como «derecho a la salud». La salud del niño no cuenta.
  • Para iluminados prefiero a Dios.
  • Al menos él no mata a nadie por decreto-ley.

¿Salud genésica? De acuerdo, pero para TODOS los seres humanos. Si nos inventamos palabros y derechos, que sean igual para todos.

Dicen algunos que Rosa Díez apoya el aborto. Ella dice (entre los minutos 15 y 20) que es partidaria de la ley actual.

Por otro lado, en el blog de Víctor Gago se puede ver qué votaron los miembros del PP en la eurocámara en la resolución que dice que tenemos derecho a la «salud genésica». Parece ser que Vidal-Quadras ha explicado su voto positivo (minuto 28 en adelante):  está totalmente en contra del aborto (un acto inmoral y no un derecho, dice) pero a favor del derecho de la mujer gestante a la salud, y por eso vota a favor de la «salud genésica». Creo que nada define mejor al PP que la postura de Vidal Quadras.

PD: también es posible que los eurodiputados aprueben, como afirma Vidal Quadras, resoluciones vacías de contenido, basadas en términos ambiguos que no implican nada en concreto y que por lo tanto no tienen ninguna relevancia. Si fuese así, ¿»pa qué»?

Matar niños inocentes, ¿por qué?

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Leí hace tiempo un par de libros de Peter Singer, un filósofo australiano cuyas preguntas y respuestas levantaban ampollas, hasta el punto de que se le ha impedido por la fuerza participar en charlas o conferencias. Los libros que leí son «Ética Práctica» y «Repensar la vida y la muerte».

Uno de los temas estrella de estos libros es el aborto (el otro la eutanasia). En el aborto nos movemos entre el dogmatismo de los que dicen que toda vida es sagrada y debe ser respetada (o sea que de aborto nada de nada) y los que exigen el aborto libre (o sea todo de todo). Por alguna extraña razón ambos grupos creen en una misma premisa: matar a seres humanos inocentes no está bien. Habrá matices y excepciones, pero podemos dar por buena la afirmación. Eso deja el tema del aborto claramente definido: para unos lo que hay dentro del vientre de la madre es un ser humano, y para los otros no.

Recojo unas palabras de Singer («Ética Práctica». Capítulo 6): «El nacimiento es la línea divisoria más visible de todas las posibles y la que mejor encaja con las posiciones liberales. Coincide hasta cierto punto con nuestra manera de ver el problema: nos sentimos menos molestos por la destrucción de un feto que no hemos visto nunca que por la muerte de un ser que todos podemos ver, oír y abrazar. Pero ¿basta esto para que sea el nacimiento la línea que decida si se puede o no matar a un ser?»

No tengo respuestas, así que me hago preguntas:

  • ¿Por qué se le puede matar dentro del vientre, pero no fuera? ¿Justo ante de salir sí, pero después no? ¿Un mes antes de salir sí, pero después no?
  • ¿Pueden las palabras cambiar la esencia de las cosas? ¿Deja de ser un ser humano por llamarlo «feto»? ¿Por qué no lo llamamos «»niño» sin más? ¿Acaso porque queremos usar un término diferente que nos permita matarlo sin remordimientos?
  • ¿Por qué solo puede matarlo la mujer que lo tiene en el vientre (que no es madre ni progenitora, aunque la llamemos así)? ¿No puedo decidir yo matar el niño que otra persona tiene en su vientre? ¿Tiene esa mujer más derecho que yo porque «es suyo»? ¿Pertenecemos los seres humanos unos a otros? Ser madre da derecho a criar a tus hijos, ¿pero también a quitarles la vida si así se le antoja?
  • ¿Cuándo se convierte el niño en un ser humano con derecho a ser protegido? ¿cuando siente? ¿cuando recuerda? ¿cuando sonríe? ¿cuando se mueve? ¿quién se cree Dios para establecer esa frontera? ¿No aceptamos la frontera del dogmatismo religioso, pero establecemos otra igual de arbitraria? ¿Puede una votación establecer esa frontera?
  • ¿Por qué está mal que en Texas se aplique la pena de muerte a un asesino, pero está bien matar a un niño inocente? ¿Está mal lo del asesino porque todos tenemos derecho a vivir? ¿Todos? ¿Es porque la justicia tiene fallos y a veces una persona inocente pierde la vida y eso no tiene vuelta atrás? ¿Acaso el niño que está en el vientre es culpable de algún horrendo crimen?
  • ¿Por qué las mujeres que abortan se sienten mal tras hacerlo? ¿Acaso es lo que llamamos conciencia? ¿Les remordería la conciencia si fuese correcto lo que han hecho? ¿Es solo una cuestión cultural, y si todos repetimos muchas veces en voz alta que está bien, acabará estando bien y las mujeres que aborten ya no se sentirán mal? ¿Es culpa entonces de la retrógrada educación religiosa?
  • Si la vida de ese niño no merece la misma protección que la del resto de seres humanos, ¿por qué no nos planteamos retirar ese derecho a otros colectivos? ¿O quizá ya ha habido casos en los que eso ha sucedido?
  • El niño que hay en el vientre tiene un ADN diferente del de la mujer que lo aloja. Es un ser humano diferente a ella, con su propio cuerpo, su propia vida y su propio futuro. ¿Por qué lo tratamos como si fuera un quiste?
  • ¿Por qué no se entregan los niños no deseados en adopción? ¿Por qué hace falta matar? ¿Es por la vergüenza de tener el bombo? ¿Es por la vergüenza de tener el bombo y no cuidar luego a tu hijo? ¿Tiene que pagar el niño la falta de personalidad de la madre? ¿Qué pesa más, el deseo de no tener incomodidades o el derecho de un ser humano a vivir como cualquier otro?
  • ¿Es simple egoísmo de la mujer: «si no me lo quedo yo, no se lo quedará nadie«?
  • ¿Por qué lo llamamos aborto y no asesinato prenatal? ¿Por qué los demagogos hablan de interrupción voluntaria del embarazo, en lugar de asesinato premeditado de un niño indefenso en el vientre de la que debiera ser su madre y no su asesina? ¿Es porque el segundo nombre es más largo? ¿No es acaso más apropiado?
  • ¿Es esto a final de cuentas «ética práctica»: «ya que los abortos van a existir hagamos lo que hagamos, quitémosle hierro al asunto, que bastante mal lo pasan ya las pobres matando a sus hijos»? ¿Debe apenarme el dolor de la «madre»?

Me decía un conocido (comunista, para más señas): «los científicos han establecido que el feto es ser humano desde el momento en que tiene sistema nervioso central«. «¡Ya está!, ya lo tenemos», los científicos no tienen bastante con averiguar cuándo se desarrolla el sistema nervioso central del niño, sino que establecen que a partir de ese momento es «ser humano» y por lo tanto con derecho a no ser asesinado. Científicos-filósofos-filólogos de pacotilla en cualquier caso que se atreven a establecer lo que es un ser humano y lo que no. No hay menos sectarismo en esas afirmaciones que en las de afirmar que es ser humano desde la fecundación. De hecho, si no existen razones reales para diferenciar entre feto y ser humano, ¿no será que no hay que hacer esa distinción? ¿No será que es una distinción ficticia establecida para justificar el asesinato de esos niños? ¿No son al final esos argumentos una impostura para no reconocer que no hay argumentos que justifiquen esas muertes? ¿No sería más sincero decir que sí, que es un ser humano pero que nos da igual y nos lo cargamos porque nos facilita la vida?

Creo recordar que Singer en su libro venía a decir algo así como que esto es una discusión sin salida y que por lo tanto la sociedad deber tomar una decisión de cuándo se permite el aborto y ya está. Ética práctica. En resumidas cuentas, y sin ánimo de criticar a Peter Singer, el filósofo llega a la conclusión de que el debate de ideas es inútil, mientras que paradójicamente los panfletos que distribuyeron activistas pro-vida en una mesa redonda que acabo por suspenderse en Frankfurt, en 1991, se titulaban «Ninguna discusión sobre la vida y la muerte». Dejemos de discutir, y votemos a ver quién tiene razón.

¿Es posible que la única salida sea que se vote y que se imponga la voluntad del grupo de opinión más numeroso? Legalmente puede ser porque nadie se baja del burro, pero moral y éticamente una votación no es nada.

Sinceramente, ¿por qué estamos matando a esos niños?

Todas las ideas son respetables

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Eso dice ariovisto.

¿Qué significa respetar? ¿Qué es el respeto? Si no hablamos del mismo concepto, difícilmente nos entenderemos.

Respetar: aceptar con sumisión (acatar), admirar algo/alguien por su santidad, dignidad o grandes virtudes, tratar con urbanidad o consideración. El concepto es demasiado ambiguo para que todos entendamos lo mismo.

Descartemos, por lógica, lo de que todas las opiniones/ideas deben de ser acatadas o que son dignas de admiración. Nos queda por tanto exclusivamente «tratar con urbanidad o consideración». Pero las ideas no pueden ser tratadas con urbanidad, solo las personas pueden. Diríamos entonces que «todas las personas merecen ser tratadas con urbanidad, independientemente de las opiniones que expresen». Hemos partido de una afirmación («Todas las ideas son respetables») que deja entrever falazmente que hay algo bueno en todas las opiniones y hemos llegado a otra en la que las opiniones se dejan aparte para centrarse en la persona, que es la única que puede ser tratada con urbanidad.

«Todas las personas merecen ser tratadas con urbanidad, independientemente de las opiniones que expresen»

¿En qué consiste que te traten con urbanidad? ¿Qué límites debe tener la afirmación anterior?

Empiezo por la segunda de las preguntas: no se puede pedir ser tratado con urbanidad si ese «derecho» va a ser empleado para tratar sin respeto a otras personas. Por ejemplo, no se puede argumentar el derecho a emitir opiniones que amenazan, insultan o a denigran a otras personas. La urbanidad que haría admitir esas opiniones en un foro de discusión estaría sirviendo para que otras personas, aunque se tratase de terceros, fuesen tratados sin urbanidad. Sería por tanto una urbanidad, un respeto, mal entendido.  Si «todas las ideas son aceptables» quiere decir que hay que dejar que todas las ideas se expresen en cualquier lugar, la afirmación sería errónea de raíz. Admitir en un foro/blog opiniones que faltan al respeto (amenazas, insultos, insidias, racismo, etc.) es, a mi juicio, un error ya que hace que el moderador se convierta en transmisor de opiniones deleznables que agreden los derechos de otros a ser respetados. Debate sí, pero dentro del respeto, que no es solo la ausencia de insultos. Hace un tiempo puse un post en el que hablaba de comentarios dejados en una web en los que, sin palabras malsonantes, se hablaba a favor de penalizar la homosexualidad (no es broma, ni es de hace 80 años). Esos comentarios deberían haber sido vetados, puesto que son denigratorios para los homosexuales. Admitir esos comentarios no es respetar a los que los ponen, sino permitir que se falte al respeto a terceros.

«Todos tenemos derecho a emitir opiniones respetuosas»

Desde luego esta afirmación me gusta más que la de partida. Pero ¿quién decide qué es «respetuoso» y qué no lo es? En mi opinión, cada uno en su casa debe tomar esa decisión. Yo en mi blog, por ejemplo, nunca voy a admitir comentarios (que los he tenido estos días) en los que se me diga que Hitler debió acabar con todos los judíos. Con dos salvedades: por un lado están las leyes, que sancionan las injurias, las difamaciones, etc. Es un límite. Y por otro está el peligro de que el estado se arrogue la potestad de decidir qué es lo respetuoso y qué no lo es, limitando la libertad de expresión de los ciudadanos-súbditos. El pueblo está indefenso ante los poderosos y es imprescindible que en un estado de derecho la crítica política tenga «manga ancha».

La libertad de expresión -«uno de los fundamentos esenciales de la sociedad democrática»- «no sólo es válido para las «informaciones» o «ideas» admitidas a favor o consideradas inofensivas o indiferentes, sino también para las que son contrarias, chocan o inquietan al Estado a una fracción cualquiera de la población» (TEDH, Caso Handyside contra el Reino Unido)

En este sentido hay que hacer hincapié en los graves  ataques de personajes poderosos, que son parte del aparato del estado, como Alberto Ruíz Gallardón o Carmen Martínez Castro (ambos del Partido Popular) a periodistas críticos con su labor.

Mi conclusión, sin pretender dejar mi reflexión zanjada por todos sus flecos, es que para mí «todas las ideas son respetables» no quiere decir nada. Es un mantra buenista y sin sentido que al ser aceptado como principio produce injusticia.

¿Se quivoca ariovisto? Seguro que no. Simplemente cada uno expresamos nuestra opinión.