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Archipiélago Gulag (III)

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En la segunda guerra mundial, Occidente defendió su libertad y la defendió para sí mismo, pero a nosotros (y a la Europa del Este) nos hundió en una esclavitud dos veces más profunda.

La última tentativa de Vlásov fue la siguiente declaración: el mando del ROA estaba dispuesto a comparecer ante un tribunal internacional, pero la entrega del ejército a las autoridades de la URSS, donde les esperaba una muerte cierta, era tanto como entregar un movimiento de oposición, lo cual contravenía el Derecho Internacional. Nadie oyó este grito desesperado, e incluso la mayoría de jefes militares estadounidenses se quedaron estupefactos al enterarse de que había rusos no soviéticos; lo más natural era ponerlos en manos soviéticas.

El ROA no sólo capituló ante los norteamericanos, sino que suplicó que aceptaran su rendición y les garantizaran, aunque sólo fuera, que no iban a ser entregados a los soviets. Y a veces, por simpleza, había oficiales medios estadounidenses que no estaban versados en la gran política y accedían a hacer esta promesa (todas las promesas fueron incumplidas más tarde, engañaron a los prisioneros). La Primera División al completo (el 11 de mayo cerca de Pilsen) y casi toda la Segunda toparon con una muralla de armas erigida por los norteamericanos, quienes se negaron a hacerlos prisioneros y admitirlos en su zona. En Yalta, Churchill y Roosevelt se habían comprometido con su firma a repatriar a todos los ciudadanos soviéticos, en particular los militares, pero no se había dicho si esta repatriación sería voluntaria o forzosa, pues ¿qué país puede haber en el mundo cuyos hijos no deseen volver voluntariamente a la patria? Toda la miopía de Occidente se condensó en las rúbricas de Yalta.

Archipiélago Gulag. Alexander Solyenitzin. Pág 308

En aquel mismo mayo de 1946, en Austria, Inglaterra tuvo un gesto parecido de lealtad hacia su aliado (aunque debido a nuestra habitual modestia, no se hizo público en nuestro país) al entregar al mando soviético un cuerpo de Ejército cosaco (de cuarenta y cinco mil hombres) que se había abierto paso desde Yugoslavia. Esta entrega tuvo un carácter artero, en el espíritu tradicional de la diplomacia inglesa. Hay que decir que los cosacos estaban dispuestos a luchar hasta la muerte o cruzar el océano, ya fuera a Paraguay o a Indochina, todo con tal de no entregarse vivos. Los ingleses comenzaron por darles mayor ración, les entregaron unos soberbios uniformes ingleses, les prometieron incorporarlos a su Ejército y llegaron incluso a hacerles pasar revista. Por esta razón no recelaron cuando les propusieron entregar las armas con el pretexto de unificarlas. El 28 de mayo convocaron a todos los oficiales de grado igual o superior al de jefe de escuadrón (más de dos mil hombres) en la ciudad de Judenburg, sin los soldados. El pretexto era que iban a tratar con el mariscal Alexander sobre los futuros destinos del Ejército.

El engaño se desencadenó por el camino, cuando los oficiales fueron puestos bajo fuerte escolta (los ingleses los apalearon hasta hacerles sangrar). Luego la columna motorizada fue adentrándose gradualmente por un corredor de tanques soviéticos hasta que al entrar en Judenburg fueron a dar a un semicírculo de furgones celulares, junto a los cuales ya había una escolta esperándolos con unas listas. Los cosacos ni siquiera podían pegarse un tiro o clavarse un puñal: les habían quitado todas las armas. Algunos se arrojaron desde un alto viaducto contra las rocas o derechos al río. La mayoría de los generales entregados eran emigrados, habían sido, pues, aliados de aquellos mismos ingleses en la primera guerra mundial. Durante la guerra civil los ingleses no habían encontrado tiempo para darles las gracias y ahora saldaban su deuda.

En los días siguientes, los ingleses tan mendaces como antes, entregaron a los soldados rasos cargados en vagones envueltos en alambre de espino. (El 17 de enero de 1947 los periódicos soviéticos difundieron el ahorcamiento de los generales cosacos Petr Krasnov, Shkuró y algunos más.)

Archipiélago Gulag. Alexander Solyenitzin. Pág 310

Aprovechemos la rara oportunidad que se nos brinda para citar algunas de las frases que han quedado del abogado defensor (el letrado S.Y. Gurovich):

«No existen pruebas de culpabilidad, no existen hechos, ni existe una acusación… ¿Qué dirá la Historia? — (¡fíjate tú, qué miedo! ¡Nadie recordará, nadie dirá nada!) — En Petrogrado la incautación de los tesoros de la Iglesia se ha llevado a cabo sin el menor incidente y, sin embargo, el clero de la capital se halla en el banquillo de los acusados y hay voces que exigen su muerte. El principio fundamental en que ustedes hacen hincapié es la salvaguarda del régimen soviético. Pero no olviden que la Iglesia crece con la sangre de sus mártires — (¡menos en este país!) —. No tengo nada más que decir, y sin embargo me cuesta ceder el uso de la palabra. Mientras duren los debates, los acusados seguirán con vida. Pero cuando éstos terminen, terminarán sus vidas…».

El tribunal condenó a muerte a diez de los acusados.

Archipiélago Gulag. Alexander Solyenitzin. Pág 417

Archipiélago Gulag (II)

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¿Cómo hay que entender una palabra como malvado? ¿Qué queremos decir exactamente con ella? ¿Existe semejante cosa en el mundo? 

Nuestra primera reacción sería responder que no puede haber malvados, que no los hay. En los cuentos es lícito hablar de ellos, porque son para niños y hay que simplificar las escenas. Pero cuando la gran literatura mundial de los siglos pasados -Shakespeare, Schiller o Dickens- nos presenta una tras otra semblanzas de malvados de un negro espeso, los malvados nos parecen casi de guiñol, poco acordes con la sensibilidad moderna. Debemos fijarnos sobre todo en cómo están caracterizados: tienen perfecta conciencia de su maldad y de su alma tiznada. Razonan así: no puedo vivir sin hacer el mal. ¡A ver si enfrento al padre contra el hermano! ¡Qué deleite, ver padecer a mis víctimas! Yago dice sin tapujos que sus objetivos e impulsos son negros, nacidos del odio. 

¡No, no suele ser así! Para hacer el mal, antes el hombre debe concebirlo como un bien o como un acto meditado y legítimo. Afortunadamente, el hombre está obligado, por naturaleza, a encontrar justificación a sus actos. 

Las justificaciones de Macbeth eran muy endebles y por eso su conciencia acabó con él. Yago era otro corderito. Con los malvados shakespearianos bastaba una decena de cadáveres para agotar la imaginación y la fuerza de espíritu. Eso les pasaba por carecer de ideología 

¡La ideología! He aquí lo que proporciona al malvado la justificación anhelada y la firmeza prolongada que necesita. La ideología es una teoría social que le permite blanquear sus actos ante sí mismo y ante los demás y oír, en lugar de reproches y maldiciones, loas y honores. Así, los inquisidores se apoyaron en el cristianismo; los conquistadores, en la mayor gloria de la patria; los colonizadores, en la civilización; los nazis, en la raza; los jacobinos y los bolcheviques, en la igualdad, la fraternidad y la felicidad de las generaciones futuras. 

Gracias a la ideología, el siglo XX ha conocido la práctica de la maldad contra millones de seres. Y esto es algo que no se puede refutar, ni esquivar, ni silenciar. ¿Y cómo después de esto podríamos atrevernos a seguir afirmando que no existen los malvados? ¿Quién, pues, exterminó a esos millones? Sin malvados no hubiera habido Archipiélago.

Archipiélago Gulag. Alexandr Solzhenitsyn (Pág 210)

Con defensas como ésta, ¿quién necesita que le ataquen?

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Un auténtico crack. Se llama Santiago Navajas y ha escrito un artículo en el que defiende que a lo largo de la historia ha habido personajes muy relevantes en el ámbito cultural que han sido de derechas. Y pone como ejemplo a partidarios de “dictaduras clasistas, meritocráticas y aristocráticas”, lo que según él ha constituido la utopía derechista perfecta (¿eso es lo que anhela la derecha? Será él…), un mussoliniano y un antisemita filonazi.

¿Qué persona de derechas se identifica con esas características que son prácticamente definitorias de la extrema izquierda? ¿La derecha es la extrema izquierda?

Yo no conozco ninguna persona de derechas partidaria de las dictaduras, antisemita o filonazi. Homófobos sí, religiosos sí, ¿pero totalitarios, antisemitas o filonazis? Y sin embargo esos son rasgos de la izquierda actual. Y es lógico que esos rasgos no encajen en el concepto de “derecha”, porque el enfrentamiento entre el comunismo y los fascismos de izquierdas del siglo pasado, el de Mussolini y el de Hitler, no convierte a ninguno de ellos en derecha ni en extrema derecha. Vamos, que por mucho que los comunistas y los nazis no se tragasen entre ellos eso no transforma a ninguno de los dos en “de derechas”. Son primos hermanos (reñidos, eso sí), pero de izquierdas de arriba a abajo. Pero claro, para la izquierda el enemigo siempre es tachado de ser “la derecha”, aunque por sus venas corra su misma sangre. Lo que tiene delito es tragarse la propaganda de la izquierda, como hace Santiago Navajas. Toda una joya.

Archipiélago Gulag (I)

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Korolenko escribía a Gorki el 29 de Junio de 1921: “algún día la historia dirá que la revolución bolchevique reprimió a los socialistas y a los revolucionarios sinceros con métodos idénticos a los del régimen zarista”.  ¡Ojalá hubiera sido así! Habrían sobrevivido todos.

Alexandr Solzhenitsin, Archipiélago Gulag (pág 59)

Veamos ahora una imagen usual en esos años. Se estaba celebrando en la región de Moscú una conferencia distrital del partido. La moderaba el nuevo secretario del Comité Regional en sustitución del que habían encarcelado recientemente. Al final de la conferencia se adoptó una resolución de fidelidad al camarada Stalin. Naturalmente, todos se pusieron de pie (como se ponían de pie, de un salto, cada vez que se mencionaba su nombre en el curso de la conferencia). La pequeña sala prorrumpió en «tumultuosos aplausos que desembocaron en una ovación». Tres minutos, cuatro minutos, cinco minutos, y continuaban siendo tumultuosos y desembocando en ovación. Pero las palmas de las manos dolían ya. Se entumecían los brazos levantados. Los hombres maduros iban quedándose sin aliento. Se trataba de una estupidez insoportable incluso para los que adoraban sinceramente a Stalin. Pero ¿quién sería el primero que se atrevería a parar? Habría podido hacerlo el secretario del Comité Regional, que estaba en la tribuna y que acababa de dar lectura a la resolución. Pero él era reciente en el puesto y estaba en lugar del encarcelado, ¡él tenía miedo! ¡En la sala había miembros del NKVD aplaudiendo de pie y controlando quién paraba primero! ¡Y en aquella pequeña sala perdida, sin que llegaran al líder, los aplausos hacía seis minutos que duraban! ¡Siete minutos! ¡Ocho minutos! ¡Estaban perdidos! ¡Eran hombres muertos! ¡Ya no podían parar hasta que les diera un ataque cardíaco! En el fondo de la sala, por lo menos, entre las apreturas, se podía hacer trampa, se podía batir palmas más espaciadamente, con menos fuerza, con menos vehemencia, ¡pero en la presidencia, a la vista de todo el mundo! El director de la fábrica de papel del lugar, un hombre fuerte e independiente, de pie en la presidencia, era consciente de la falsedad de aquella situación sin salida, ¡y sin embargo aplaudía! ¡Ya iban nueve minutos! ¡Diez! Miró con desesperanza al secretario del Comité Regional, pero este no se atrevía a parar. ¡Una locura! ¡Una locura colectiva! Mirándose unos a otros con un atisbo de esperanza, pero fingiendo éxtasis en sus caras, los jefes del distrito aplaudirían hasta desplomarse, ¡hasta que los sacaran en camilla! ¡E incluso entonces, los que quedaran no vacilarían! Y en el minuto once, el director de la fábrica de papel adoptó un aire diligente y se dejó caer en su asiento de la presidencia. ¡Y se produjo el milagro!, ¿adónde había ido a parar aquel entusiasmo incontenible e inenarrable? Todos dejaron de aplaudir a la vez y se sentaron. ¡Estaban salvados! ¡La ardilla se las había ingeniado para salir de la rueda!

Sin embargo, así es como se ponen en evidencia los hombres independientes. De esta manera los eliminan. Aquella misma noche el director de la fábrica fue arrestado. Le cargaron fácilmente diez años por otro motivo. Pero después de firmar el 206 (el acta final del sumario), el juez de instrucción le recordó:

—¡Y nunca sea el primero en dejar de aplaudir!

Alexandr Solzhenitsin, Archipiélago Gulag (pág 98)

NOTA: 10 años de prisión era la pena estándar. Eso o el fusilamiento.

La secta más criminal que la historia ha visto

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No creo que ningún comunista ignore las grandes hazañas que su demencial ideología ha cosechado a lo largo de la historia. 100 millones de muertos son difíciles de esconder debajo de la alfombra. No sé si negarán esa realidad o la aceptarán como inevitables efectos colaterales en su “lucha por la libertad” (si es que hay que estar como un cencerro para siendo comunista atreverse siquiera a mencionar la palabra libertad).

En cualquier caso, siendo comunista uno debería asumir con normalidad que te echen en cara ciertas cosas. Parece que algunos de ellos siguen acostumbrados a silenciar a quien no les ríe las gracias, como es el caso de Jesús Gómez, un edil del PP en Leganés. Este señor escribió hace 10 años un artículo opinando en contra de que el estado decidiese los límites de la libertad religiosa. Su escrito, a favor de la libertad y de la tolerancia, venía a decir que un gobierno que se arroga el derecho de decidir lo que está bien o mal en materia religiosa caería en el despotismo, y una vez por esa senda liberticida sería lógico, por ejemplo, que el estado desposeyera a los comunistas de la tutela de sus hijos, por el simple hecho de pertenecer a la secta más criminal que la historia jamás haya visto. Como no pretendo tergiversar lo más mínimo lo que este señor dijo, lo copio textualmente:

La selección de los contenidos culturales y la importancia que se otorga a cada uno de sus componentes es una decisión de gran calado político e ideológico.

Si concedemos al Estado la suprema capacidad de decidir los límites de la libertad religiosa, lo que es una “secta”, y lo que constituye una educación “integral”, habremos entronizado el despotismo. Por el mismo expediente, habría que desposeer a los padres comunistas de la tutela de sus hijos, por pertenecer a la secta más criminal que la Historia jamás haya visto y por inculcar a sus hijos una representación teórica de la realidad absolutamente falsa que les provocará en el futuro serios problemas de adaptación social y un agudo sentimiento de infelicidad; y acto seguido enviar a estos niños (y a los padres también) sin pérdida de tiempo a un “campo de reeducación”.

Pues bien, una vez leídas las palabras de este señor, veamos cómo la izquierda fabrica un escándalo. Europa Press dice así: Edil del PP en Leganés (Madrid) plantea quitar la tutela de sus hijos a padres comunistas por ser “una secta criminal” ¿De verdad Jesús Gómez propone quitar la tutela de sus hijos a los comunistas? ¡Pero si dice exactamente lo contrario! Vemos que en Europa Press no dejan que la verdad les estropee una operación política, pero solo es un ejemplo de la campaña de la izquierda contra este señor.  Unos mienten conscientemente y otros simplemente repiten las consignas que les dan desde la cúpula del partido, sin cuestionarse siquiera si lo que dicen es cierto o no. Es el típico comportamiento de una secta, concretamente el de la más sanguinaria de la historia.

Enlaces interesantes:
Jesús Gómez y el conocimiento inútil, por Guillermo Dupuy (LibertadDigital)

PSOE e IU fabrican un escándalo en Leganés para acabar con el portavoz del PP. Fernando Díaz Villanueva (LibertadDigital)

Libertad (y por qué no soy de izquierdas)

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Nos dieron a escoger entre un capitalismo que mata de hambre a la gente, y el comunismo que resuelve el problema económico pero que suprime las libertades tan caras al hombre“. Fidel Castro, 1959

El comunismo mata de hambre

El comunismo mata torturando

El comunismo no resuelve ningún problema económico

Y ciertamente el comunismo suprime las libertades individuales, que solo son “caras” en la mente de un tarado

Está clara la elección que hizo Fidel Castro, ¿pero quién le dijo que podía decidir por los demás? ¿quién le dijo que podía arrebatar la libertad a otras personas y elegir para ellos el comunismo? ¿Por qué él decidió por otros? ¿Por qué Orlando Zapata, un albañil, negro y humilde, murió de hambre, murió torturado y murió sin libertad? ¿Es que Orlando Zapata no podía decidir por sí mismo si quería comunismo o libertad, si quería comunismo o derechos humanos? ¿Quién ha otorgado el poder a los comunistas para decidir por otros si deben tener libertad o no? ¿Quién les ha otorgado poder para encarcelar a los que exigen su derecho a hacer su propia elección? ¿Quién les ha otorgado poder para torturar hasta la muerte a quien pide libertad para pensar, para hablar y para vivir? ¿Desde cuándo son los dueños de las vidas de otras personas para disponer de ellas cómo y cuándo quieran?

Hay mucho boludo que presume de educado, que dice ser demócrata, que dice defender los derechos humanos, pero que ante el brutal asesinato de Orlando Zapata ha callado como una puta. Alguno incluso habrá llenado el silencio escribiendo una entrada en su blog o periódico criticando a Esperanza Aguirre, a Camps o a Federico. “Lamentan” la muerte, sí, pero porque perjudica a su ideología poniendo al descubierto sus miserias. No por el muerto. No por la libertad arrebatada al resto de cubanos. No porque tengan la más mínima empatía hacia los perseguidos, hacia los humildes, hacia las víctimas de ese delirio sangriento y asesino llamado comunismo.

Sabiendo que no hay más que conciencias muertas en la izquierda, lanzo mis preguntas al vacío:

¿Quién os ha dado el derecho a decidir la educación que deben recibir los hijos de otros?

¿Quién os ha dado el derecho a perseguir al que no habla en la lengua que vosotros decidís?

¿Quién os ha dado el derecho a tomar decisiones que limitan la libertad de otras personas?

Un gusano menos

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Tras la muerte de Orlando Zapata he estado curioseando por webs izquierdosas. En un par de ellas he leído cómo se referían a la penúltima víctima del comunismo como “gusano” o “gusanito”. Eso me ha recordado las palabras de Víctor Manuel, un “artista” español que fue famoso hace unas décadas, refiriéndose a los exiliados cubanos en Miami como “la gusanera“.

Me llama la atención la campaña de difamación emprendida por la izquierda hacia su última víctima mortal:

Por cierto, si no era más que un preso común que se empeñó en morir porque no le daban un móvil (o era un idiota o lo son los que se creen esta basura difamatoria) ¿por qué le llaman “gusano”, como hacen los comunistas con los opositores a la dictadura? Aclárense, ¿era un preso común o un agente al servicio de EEUU?

Cierto es que no todas la webs que he visitado han respondido al asesinato de Orlando Zapata con difamaciones hacia la víctima. En otros casos, sorprendentemente, gente que dice ser simpatizante del partido comunista (oculto bajo las siglas IU) se ha manifestado en sus blogs a favor de los derechos humanos, criticando que existan presos políticos en Cuba y reclamando democracia para el pueblo cubano. Incluso alguno recalcaba que por expresar esas opiniones, en Cuba sería encarcelado.

¿Comunistas a favor de los derechos humanos? ¿Comunistas a favor de la democracia y de la libertad para Cuba? No se puede ser partidario de una cosa y de la contraria al mismo tiempo. O sus palabras de condena no son sinceras, o son comunistas sin saber lo que es el comunismo.

Por cierto, al igual que los fascistas cubanos llaman gusanos a sus víctimas, los hutus llamaban cucarachas a las suyas (los tutsis) en el genocidio ruandés y los nazional-socialistas alemanes se referían a los judíos como “ratas judías”. Supongo que una vez que tu víctima ha perdido la condición de ser humano y se ha convertido en un animal repugnante, es más fácil matarlo.

“Solo pienso en ti” (por cierto, escuchando cómo Víctor Manuel cantaba a favor de Franco, a uno le entran las dudas de si lo hacía a favor o en contra, porque la canción la destroza)