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Ágora

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Aburriente, aburrida, intrascendente, intrascendida.

Hace un par de días vi la película Ágora, de A. Amenábar, el director de Santiago de Chile. La película es flojita, flojita, flojita. En ningún momento te sientes enganchado, ni te crees los personajes, ni te crees la película. A lo largo de la misma el espectador no siente más emoción que la impaciencia por ver si se acaba de una vez. La ambientación, la trama, la factura en general es penosa, de telefilme italiano dizque histórico de estos que echaba Telecinco en la sobremesa de los domingos, o sea telefilme de serie B o C (y al menos en esas películas la doncella suele ser muy guapa, que ya es más que lo que aporta Ágora). Extras, muchos extras, correteando para aquí y para allá en lo que siempre se percibe como un plató enano y nunca como una ciudad de la antigüedad.

Como mero entretenimiento no creo que esté a la altura (para eso pones la jungla de cristal y disfrutas mucho más) y con una película así es imposible pensar que se quiere transmitir un mensaje.

Por si quedan dudas: no, no la recomiendo y es una pérdida de tiempo.

Amenábar, ¿un ricachuelo prepotente o un sectario intolerante?

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Cuenta Luis Herrero que desde esRadio se pusieron en contacto con el entorno de Amenábar para pedirle una entrevista, obteniendo como respuesta un e-mail con el siguiente texto:

Ponerlo en vuestra lista de oraciones ….“.

Ni una palabra más. Lo cuentan en este audio, a partir del minuto 48.  Supongo que el “Ponerlo” es textual.

No creo que sea la respuesta de un richachón endiosado, sino más bien la de un sectario de lo más intolerante. Podrían haber contestado “Podéis esperar sentados” o “Lo lleváis claro”, o incluso con un poco más de educación (con algo de educación basta para que sea “un poco más”) “No compartimos la línea editorial de vuestra emisora, por lo que denegamos la petición”. Pero no: pura prepotencia y además mencionando las “oraciones” de los solicitantes. No creo que sea casualidad, sino el síntoma del desprecio que todo lo que suene a religioso causa en este ricachón, digno miembro de la mafia de la ceja.

He creído entender que la nueva película del cineasta de Santiago de Chile se basa en el enfrentamiento hace 1500 años entre los defensores de “la razón” y los defensores de “la fe”. Parece innegable que hace miles, cientos o incluso decenas de años muchas personas han sufrido la intolerancia religiosa a manos de los cirilos del momento.

Es curioso que los intolerantes del siglo XXI se dediquen a hacer películas para denunciar la intolerancia religiosa de hace 1500 años, cuando son incapaces de condenar las dictaduras comunistas actuales. Tampoco parecen interesados en denunciar los 100 millones de muertos causados en los últimos 100 años por las dictaduras comunistas (¿habrán matado tantas personas los cristianos en sus 2000 años de existencia?).

También resulta llamativo que los que se ponen la etiqueta de defensores de la razón frente al integrismo religioso sean capaces de decir cosas tan razonables como que el cristianismo retrasó la evolución de nuestras sociedades un milenio. Comparemos la realidad actual de cualquier país de tradición cristiana con otro invadido por el islamismo, a ver qué religión supone un retroceso absoluto en todos los órdenes de la vida: ciencia, derechos humanos, riqueza, etc. Negar la evidencia no parece muy científico ni adecuado cuando se enarbola la bandera de “la razón”. Es, simplemente, sectarismo.

Afirman estos intolerantes que EEUU es el país que más violaciones de los derechos humanos realiza. De nuevo les guía “la razón”, pero no veremos películas de Amenábar criticando el régimen iraní ni a Mahoma, ni le veremos por las calles de Teherán proclamando su homosexualidad, ni siquiera participando en manifestaciones contra el régimen iraní. Ahora que me cuente otra vez lo malos que son los cristianos.

Otras opiniones:

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Ágora, por el irreductible ariovisto