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El género desordenado

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En 2013 está prevista la publicación de la quinta edición del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5), por parte de la American Psychiatric Association (APA). El libro “El género desordenado” recoge las inquietudes de una serie de personas sobre esta nueva edición del DSM, en particular acerca de sus efectos sobre la comunidad trans.

¿Qué más nos da lo que diga una asociación norteamericana? Pues parece que sí importa puesto que el DSM se toma a nivel mundial como referencia para el diagnóstico y tratamiento de trastornos mentales. Resulta realmente inquietante que a estas alturas de la historia existan seres humanos que estén siendo “diagnosticados y tratados” siguiendo unas pautas que se perciben como inapropiadas y a menudo contraproducentes por los implicados/as. Frente a una comunidad médica ciega y sorda, hasta ahora incapaz de interesarse y entender qué tienen entre manos, el libro deja bien claro que la comunidad trans sabe perfectamente cuáles son sus problemas y necesidades, aunque entre ellos/as no estén de acuerdo en todo. No se entiende que la comunidad médica actúe de forma paternalista, cuando escuchando y dialogando con los implicados/as la calidad del servicio prestado sería infinitamente superior.

¿Desde cuándo dejamos al enfermo participar en la especificación del diagnóstico? Pues quizá desde el momento en que no hablamos de enfermos ni de personas que busquen un diagnóstico, sino de personas que necesitan atención médica y/o asesoramiento. Actualmente da la sensación de que los médicos no entienden a sus “pacientes”, diagnostican una enfermedad equivocada y aplican un tratamiento que no siempre es adecuado.

Quizá no es la identidad de género la que está enferma, sino una sociedad incapaz de concebir realidades fuera del modelo social hegemónico

Parece que a nivel mundial el DSM tiene su importancia y es lógico que el activismo trans exija que se produzcan cambios respecto de la versión actual. Pero por otro lado no es de recibo que la legislación española, la ley 3/2007, cojee del mismo pie que el DSM y sea percibida como inadecuada y patologizante por los implicados/as.

Bueno, podría haber hecho un resumen de las principales ideas del libro (que en realidad no son muchas, pues en lo básico todos los capítulos coinciden), pero prefiero centrar mi comentario en una sola, que no es otra que el hecho de que la comunidad médica no puede permitirse el lujo de la ignorancia, el desdén o los prejuicios. Quizá en otro tipo de casuística carezca de sentido escuchar la opinión del implicado/a antes de categorizar y postular pero no es ése el caso de la disforia de género. Al contrario.

Para saber más sobre el tema del libro recomiendo pasarse por el blog de variablex.

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  1. Demasiada gente opositando a Dios y algunos médicos hasta se compran aureolitas doradas.

    El “enfermo” no se siente mal cuando el médico le diagnóstica, sino mucho antes, en el sofá de su casa, cuando ya no soporta el malestar y decide acudir buscando ayuda.

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  2. Soy tan liberal que hasta los catálogos y clasificaciones de la naturaleza humana evidentemente bienintencionados me dan un poco de repelús. El camino a los crematorios de Auschwitz está pavimentado de intentos previos que en aquel momento parecían en pro de la humanidad y la salud.

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