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Federico al desnudo

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Los derechos son individuales, no de un colectivo, porque entonces te conviertes en rehén de los que en teoría te protegen como la Mafia
Luis Margol entrevista a Federico (4/1/2008).
Fuente: http://www.esta2.com/2008/01/04/federico-al-desnudo/

Federico al desnudo

Me recibe en Cope minutos después de terminar el último programa antes de las vacaciones. Afable, se disculpa por no poder atenderme en su despacho, convertido en mercadillo navideño por los empleados de la casa. “¿Quieres saber lo que es anarcocapitalismo? Pues echa un vistazo ahí dentro” se ufana. Efectivamente, el despacho se ha transformado en boutique –me pregunto dónde estarán los probadores-. Viste una sudadera de Polo Raph Laurent con cremallera en el medio, de esas que suelen fracasar en los EE.UU. por considerarse demasiado finas pero que sin embargo arrasan en la Europa meridional. Atrás quedaron los jerseys de bolitas y el Damart asomando por el cuello de la camisa vaquera de Cowboy de Medianoche, aunque algunos dicen que eso no es sino un mito. Elegantes pantalones de pinzas, zapatos italianos perfectamente lustrados y peinado con raya al lado y flequillo en el que asoman las primeras canas enmarcando un rostro de edad indeterminada, como el de la Preysler pero sin cirugía.

Nos trasladamos al despacho de informativos, un espacio cerrado aunque perfectamente visible desde la redacción a través de la cristalera. Yo me siento de espaldas al tendido, él frente a mí. Le ofrezco un croissant de chocolate que rehúsa porque “con el programa se me pasa el hambre”. Le digo que algo similar les ocurre a los profesores, que se alimentan de la atención de sus alumnos. Él, que también fue docente, acepta la analogía, aunque remarca que en su caso son “los oyentes” quienes le nutren con su atención.

¿Consideras que el movimiento gay español es refractario a la idea de democracia liberal?

Con el movimiento gay sucede lo mismo que pasó con el movimiento feminista. Lo que era una sensibilidad compartida y apoyada por capas muy amplias de la sociedad española se encontró con una sectarización que ha apartado del movimiento feminista a dos generaciones de mujeres y aparta del movimiento gay al 90% de los homosexuales, que no se pueden identificar con una especie de terrorismo folclórico. Esto empieza con el Front d’Alliberament Gai de Barcelona, cuyo sectarismo impidió una democratización; el movimiento gay se confinó entonces en la extrema izquierda como ahora lo hace en la izquierda aprovechada.

Noto una gran diferencia entre el discurso del movimiento gay oficial y el de intelectuales como Cardín, que fue un libertario –“comenzó siendo libertario y acabó siendo liberal”, apostilla Federico-. Lo paradójico es que algunos de los teóricos queer más radicales se definen como discípulos suyos.

El primer texto que Cardín publicó en Diván se tituló Apología de Anita Bryant, una señora que estaba en contra de los gays en los EE.UU. Cardín creía en el debate, es más, le gustaba. No entendía que la sociedad abierta fuera de otra manera ni que el mundo gay, si aspiraba a salir del gueto, fuera de otra forma. El problema es que la base de estos movimientos reivindicativos estaba en la extrema izquierda. Comparado con ellos, el PSUC era moderado.

Cualquier progre de ahora que diga que es discípulo de Cardin es un impostor, un jeta o un analfabeto, o todo al mismo tiempo. Alberto los exterminaría, con el carácter que tenía. Los derechos son individuales, no de un colectivo, porque entonces te conviertes en rehén de los que en teoría te protegen como la Mafia.

Otra de las cosas de Alberto es que quiso afiliarse a la UCD. Se presentó en la sede del partido en Barcelona y quiso sacarse el carnet por suarismo y porque odiaba a la izquierda, entre otras cosas porque la conocía bien.

A veces los grupos pequeños y contraculturales son mucho más opresivos que el mainstream, porque obligan a mucho.

Desde luego. Alberto, que era individualista y culto, despreciaba a las sectas. A él las sectas le producían horror. Odiaba esos ritos de iniciación. En aquella época estábamos todos mezclados, los gays y los heteros que resistíamos con dificultad, como se decía. Alberto vivía con su primo Jesús, heterosexual, y en mi casa éramos dos y dos.

Lo mejor que ha quedado de aquella época es lo gay, pero no lo de ahora. Pienso en Lluis Fernández y en otros como Adolfo Fernández Punsola, un chico de derechas que hacía unos diseños fantásticos y que quería ser Tippi Hedren. Cada uno tenía su vida y todos coexistíamos. Fue una época brillante, sobre todo en el comic y en la literatura, gracias a lo que hacían los gays. Quedaron algunos, como Terenci Moix.

¿Crees que existe una sensibilidad gay?

Sí, y es muy rica. Me encanta y me fascina la pluralidad. Ellos se fijan en cosas que yo no veo y viceversa. Por ejemplo, los mensajes de la película Ben Hur, una película de culto gay, la clasificación de los personajes de ficción en “buenas” y “malas”…

El movimiento gay español insiste en que debe haber un solo movimiento y una sola voz –“y un Führer”, añade Fede-. Nada más lejos del pensamiento de Cardin, del que ellos ahora se apropian.

Alberto fue un precursor, pero junto a él había gente también muy culta, de muy buen nivel, y luego estaba el estrato andaluz. Se produce una ósmosis entre los que Ocaña llamaba “las curtas” y las del pueblo. Existe un deseable pluralismo basado en la apreciación de lo que falta. Por ejemplo, Ocaña tenía una alegría de vivir de la que Alberto carecía y una creatividad intuitiva que él apreciaba mucho. Por ejemplo, le costó mucho ponerse a escribir, pero cuando comenzó lo hizo muy bien. Su mejor género era una prosa desgarrada que escribía para todo el mundo, “para que La Ocaña me entienda”, como decía él. Fue un movimiento plural de derechos civiles formado por dos elementos, el marxista universitario y el popular de procedencia andaluza, que coexisten, pero no se identifican. No podía haber una sola voz. Había muchas reinas y pocas obreras, todas a su manera. La politización lo estropeó todo. Incluso Ocaña ha sido incorporado a la mitología oficial progre.

Me da la impresión de que en aquellos tiempos eras un poco mariliendres.

Ya te lo he contando, yo tenía más relación con Alberto que mi mujer a causa del trabajo, pero ella siempre fue más amiga de él, incluso cuando reñimos. Al final de su vida, cuando tiene SIDA, viene a vernos a nuestra casa, conoce a nuestros críos y ejerce de tío soltero. Mi esposa adoraba a Alberto.

¿Qué te parece la prosa del feminismo y de la queer theory? Algunos tenemos cierta dificultad para entenderla.

Es ilegible. Ya en aquellos tiempos algunos usaban ese tipo de discurso, el de Derrida, Foucault y compañía con los que todos perdimos tanto tiempo en los setenta. Entonces se presentaban como la negación del academicismo, aunque paradójicamente se ha convertido en nuevo academicismo, un magma siniestro en el que abundan los buscadores de rentas. Fue una época de textos malos y movimientos interesantes. Los movimientos se han echado a perder y han sobrevivido los textos. Gente como Cardín y Lluis Fernández, muy amigo nuestro entonces, tenía una idea muy universal y antisectaria, pero fue marginada. La idea subyacente era que no se buscaba el derecho a la marginalidad, sino a la ciudadanía plena, y eso se lo carga la progresía con su discurso antidemocrático y antipopular que no admite nada que no sea ellos, y que al final se ha llevado el gato al agua.

Por ejemplo, se produce una negación de la familia, y yo no he conocido gente más dedicada a su familia y a sus madres que los gays, por lo menos los que yo conozco. La familia es esencialmente la madre, y luego el padre te lo creas o lo recreas tú, y en el caso de la gente con vocación intelectual la madre es la que te anima, la que te da seguridad en ti mismo. Sin la madre uno no escribe. Ahora hay gente que no se casa porque no acepta eso del “matrimonio gay”. Debería haber objeción de conciencia a las leyes socialistas, por ejemplo, uno que diga “yo quiero eso pero no así porque mi novio dice que la boda es una mamarrachada y que antes muerto”. Deberíais tener una alternativa, ¿no?

¿Por qué el PP, que financia al lobby gay tanto o más que los socialistas, nunca hizo una ley de uniones de hecho?

En su segunda legislatura el PP habría hecho la ley que le hubiera dado la gana, y además por consenso, pero a Aznar le salió el machismo de provincias. Como nadie en su partido se atrevió a llevarle la contraria, al final no salió nada.

En junio de 1985 tú escribes un artículo en Diario 16 en el que criticas a la entonces AP por oponerse a una proposición que instaba al gobierno a acabar con la discriminación contra los homosexuales. ¿No piensas que si el PP de ahora, que poco tiene que ver en este aspecto con lo de antes, hubiera aprobado una ley de uniones, se habría evitado la utilización política de ahora?

Desde luego, pero la derecha es tonta, ahora como entonces.

Me gustaría hablar de tu supuesta homofobia. La verdad es que a juzgar por algunos de los textos que escribiste en los setenta y principios de los ochenta, no parece que lo seas.

En el año 78 publiqué una entrevista en El viejo topo titulada Literatura y cultura gay. Fue una entrevista a Cardín y a Mesquida, que sacaban obras nuevas. Fue la primera vez que alguien hacía algo así. Muchos creyeron que al sacarlo yo era gay. A mí eso me divertía mucho, porque entonces lo gay estaba en los políticamente incorrecto. Yo siempre me tomé en serio a los gays porque tenían un serio problema de libertad. Oí historias terribles. Recuerdo la agresión policial a Ocaña, que tras la paliza va a comisaría porque sabe que tiene derechos. Incluso hoy en día alguno piensa que Cardín y yo fuimos novios. Me lo dijo hace años un profesor de aquella época al que respondí: hombre, si te hace ilusión pensar eso porque tú no pudiste ser novio de Alberto, me alegra que me envidies. ¿Y por qué ibais siempre juntos? me pregunta. Yo contesté, ¿pero tú qué te crees? tu problema es que confundes el sexo con la vida social.

Después sigues tratando el asunto, tanto en Diario 16 como en ABC, exponiéndote a que pensaras que eras gay o un progre infiltrado.

Es que lo gay no puede ser un gueto. Hay que ser ciudadano, no una cuota. Y yo puedo hablar de ese tema porque lo conozco desde hace muchos años, desde el principio. Antes me colgaban el sambenito y decían eso de ¿en qué équipo juega? y ahora me llaman homófobo. Antes uno se arriesgaba a que le dijeran maricón. Pues muy bien, prefiero estar con este amigo que con ese gilipollas. Ahora es distinto, porque como todo está codificado y encorsetado, el hetero que habla bien de los gays lo hace por interés y sin salirse del discurso dominante. La izquierda ha degenerado en un totalitarismo cultural atroz. Hemos pasado de ese movimiento alegre, divertido y real en el que cada uno lo interpretaba a su manera, a lo de ahora, machismo clásico y homosexualismo profesional.

En aquellos tiempos íbamos a ver a Paulovsky y a Bibí Andersen no porque el primero fuera gay y la segunda transexual, sino porque Pavlovsky era muy inteligente y una de las personas con más talento que yo he visto, y Bibí era muy interesante. No había el rebaño de ahora, cada uno era como era.

Hablando de rebaños, ¿qué le dirías a Zerolo? ¿Cómo podría rectificar?

Zerolo no aporta nada por sí mismo. Fuera del grupo no vale nada. Me preocupa la gente brillante que pueda estar en su grupo y que se está aborregando porque en el estalinismo sólo los mediocres se convierten en jefes. Es una pena, porque hay gente válida que se echa a perder porque hay zerolos. Yo no le conozco personalmente, así que tal vez me equivoque y resulte que es un tipo interesante, pero produce una impresión muy pobre, como la de Blanco y Montilla.

¿Has ido a ver alguna manifestación del Orgullo Gay?

No, porque me parece arrojadizo. Hay gente como Alaska que se mueve mucho en el mundo gay, pero es una persona ilustrada e individualista que ha evolucionado, una persona, no un número en un grupo. Ésa es la tragedia de la izquierda.

Qué libro, disco o película “de sensibilidad gay” recomendarías a los lectores de esta2.com?

Por ejemplo, películas con grandes personajes femeninos como La calumnia. Es la historia de dos mujeres muy amigas de las que el pueblo piensa que son lesbianas. La gente las estigmatiza y luego las tritura. También Ben Hur, como te dije antes, y los Westerns, sobre todo los de serie B, que eran un poco como de sauna. En general todo lo que le gustaba a Terenci Moix.

¿Qué piensas de las reacciones, a mi juicio, un tanto exageradas, al zerolismo, en ciertos foros?

Ese es el peligro, a cuenta de los zerolos luego se cuela algún machito de toda la vida en algunos sitios. Yo no consiento que un tío predique la discriminación sexual. Para mí eso es un delito. Además, esos odios siempre son proyecciones. El “a mí me gustaría ser como tú, pero como no puedo te mato”.

Algunos te notamos un tanto maricomplejines a la hora de responder a los ataques lanzados desde el establishment gay.

Es posible. En el fondo cada uno habla desde su experiencia. Como yo he conocido a tantos gays, a mí me cuesta. No me cuesta criticar a un socialista, pero sí a un mariprogre, porque además pienso que dentro de un tiempo se arrepentirá. A mí me han invitado varias veces a La Noria, pero siempre me he negado. Hace unas semanas voy al programa de Ana Rosa, y después, en el pasillo me estaban esperando uno del Tomate, un programa que me gusta porque es transversal, y una de La Noria. Se presentaron y antes de que terminaran de invitarme les dije “no” y no les dejé continuar.

¿O sea, que tal vez las críticas se deban a que no quieres ayudarles a ganar audiencia?

No te quepa duda. Buenafuente dice que renuncia al premio Micrófono de Oro que también me dan a mí cuando me niego a ir a su programa. Me parece detestable…

La conversación es interrumpida por una llamada de Mayor Oreja para felicitar la Navidad. Tras más de una hora de charla, aprovecho la ocasión para poner fin a la entrevista, que si por él fuera habría durado mucho más. Pero como dicen los ingleses, no conviene tomarse la hospitalidad como si fuera una patente de corso, así que me despido y quedamos para otro día. Mientras transcribo los fragmentos para esta2.com reparo en lo mucho que hablé durante la entrevista. En cualquier caso, pensar que uno ha pecado de lenguaz ante una persona con fama de no dejar hablar a nadie no deja de ser paradójico. Un capítulo menos en la leyenda negra, tan falaz como voluminosa, valga la antítesis, pues no siempre una mentira se convierte en realidad, por muchas veces que se repita.

Fuente: esta2.com

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  1. Vaya, la verdad es que esta entrevista es muy interesante. Sabía (porque tú me lo señalaste) que Federico está bastante sensibilizado con el tema gay, pero no hasta ese punto.

    Lo cierto es que hay un 20% de las opiniones de Federico que no comparto, pero me da la sensación de que podría sentarme con él a hablar tranquilamente sobre ello, aunque no sé si al final podríamos llegar a acercar posturas. Pero lo importante es poder hablar, especialmente con las personas con las que no estamos de acuerdo.

    Por otra parte, mientras leía la entrevista, me daba cuenta de que debía ser bastante antigua, porque desde 2010 el panorama ha cambiado un poco y ahora hay temas en la mesa que la entrevistadora no toca. Luego me he dado cuenta de que es de 2008 (un año que recuerdo bastante dulce, todavía celebrando cosas, con la crisis recién empezada y el matrimonio homosexual aún sin consolidar por completo).

    Lo que más me ha llamado la atención es la adoración de la entrevistadora por Federico… y que le haga tantas preguntas sobre homosexualidad. ¿Por qué le haría una entrevista así?

    Responder
    • Yo creo que simplemente esta2.com era una revista de “temática gay”, por lo que lógicamente las preguntas tienen esa orientación. Por otro lado, si no me equivoco Luis Margol es o ha sido colaborador de LD y seguramente quería dejar en evidencia que cualquier referencia a Federico como homófobo no solo es pura difamación sino profundamente injusta.

      En mi opinión no podría ser de otra forma: Federico es una persona muy culta y muy inteligente y eso es incompatible con cualquier manifestación de homofobia. Por otro lado sería un fraude si con su forma de pensar no se pusiera del lado de cualquier persona cuya libertad y derechos se restringen por su condición sexual. A poco que se conozca a Federico la lógica dice que no le cuadra.

      Pero supongo que también es algo de lo que el lector se da cuenta al leer “La ciudad que fue. Barcelona, años 70”. Por ejemplo, en la página 112 de la edición que yo tengo (la 1ª), dice “Yo me sentía muy a gusto en el ambiente gay, salvo en lo referido al sexo, así que cuando María le cogió cariño a Alberto [Cardín] –a diferencia de mí, lo mantuvieron siempre– nuestra relación se hizo perfecta. Éramos una pareja rara. Íbamos juntos a casi todas partes, pero entre nosotros siempre hubo una distancia profunda, tersa, impecable“. Solo es una cita. Vale la pena leer el libro.

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