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La universidad como nuevo bachillerato

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La universidad española está constituida por escuelas, que son las que organizan la docencia relativa a uno o varios títulos universitarios, y departamentos, formados cada uno de ellos por profesores que imparten materias o asignaturas propias de un área de conocimiento determinado.

En el momento actual se está procediendo a una renovación de los planes de estudio con la excusa de homogeneizar los estudios universitarios en el ámbito europeo (proceso de “Bolonia”, en pocas palabras). Nueva estructura y nuevas asignaturas.

En este proceso las escuelas exigen a los profesores que quieran impartir una asignatura que firmen un contrato en el que figura el porcentaje de aprobados que va a tener la asignatura en cada convocatoria. El aprobado deja de ser una consecuencia de los conocimientos demostrados por el alumno y se convierte en un acto arbitrario por parte del profesor. Los profesores o departamentos interesados en impartir una asignatura no solo están obligados a participar en este demencial sistema de asignación de docencia sino que si no prometen un 70-80% de aprobados, (sepan lo que sepan, estudien lo que estudien) se arriesgan a que la escuela correspondiente asigne esa asignatura a otro departamento que sí se comprometa a tener un porcentaje de aprobados elevado. Por supuesto si el profesor no cumple el porcentaje prometido estará incumpliendo el contrato y las escuelas amenazan con reasignar la asignatura a otro departamento si eso sucede.

El argumento de los partidarios de esta locura es que las universidades necesitan alumnos para sobrevivir: sin alumnos no hay financiación y casi cada pueblo de España tiene su universidad, con lo que al alumno hay que tentarle con algo para atraerlo a una universidad concreta. El cebo es un título universitario sencillo de obtener, exento de esfuerzo. Dicen que una universidad que opte por la calidad y el prestigio no tendrá alumnos matriculados y será inviable a corto plazo. No hay dinero para eso. En este contexto se pide a los profesores que diseñen las nuevas asignaturas con pocos contenidos y eliminando las partes difíciles, confeccionando asignaturas sencillas de aprobar.

¿Y para qué sirve un título universitario que no es sinónimo de una formación superior? La respuesta que dan es que el 80% de los alumnos solo necesita el título, el papelito, para encontrar un empleo, no los conocimientos, y que no se puede orientar la universidad para ese 20% de titulados que sí necesitaría la formación universitaria en su trabajo. Es decir que la universidad como la conocemos hoy desaparece y se convierte en un “bachillerato” cuyo título es necesario para entrar en el mercado laboral. Dicen que la “formación superior” ahora se desplazará a los másteres oficiales, unos másteres que a la hora de la verdad están siendo diseñados bajo el mismo prisma de “quitemos contenidos, bajemos la dificultad, atraigamos a los alumnos o la univeridad desmantela este máster, que aquí hay másteres hasta debajo de las piedras“.

Me decía un profesor que “antes a los titulados de esta escuela nos los quitaban las empresas de las manos. Ahora no los quieren“. Antes tener un título universitario era algo. Poco a poco se va convirtiendo en nada. Más años estudiando y alejados del mercado laboral para al final estar en la misma situación que los que hace bien poco completaban el bachillerato para poder encontrar un empleo.

A nadie le puede extrañar que los impulsores de estos cambios son “progresistas” y se les llena la boca hablando de la “enseñanza pública de calidad”. La realidad es que una persona de origen humilde que no tenga más remedio que acudir a la universidad pública no tiene nada que hacer frente a otra persona cuya familia haya podido invertir en la educación de su hijo/a enviándolo a una universidad privada de prestigio. Hundiendo la universidad pública hundimos las posibilidades de que los menos pudientes puedan alcanzar un mejor nivel de vida con su esfuerzo y su valía.

¿Por qué la fábrica de moneda y timbre no fabrica un millón de euros para cada español y así acabamos con la pobreza?

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  1. “Dadme un un pueblo valiente y te daré un ejército. Dadme un pueblo educado y te daré una nación.”

    (Proverbio Chino)

    “Dadme un pueblo de idiotas y te daré la Moncloa.”
    (Proverbio socialista)

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  2. Sin querer defender al plan Bolonia… yo estoy estudiando este año primero del grado de Derecho (en el plan Bolonia, obviamente), llevo sólo la mitad de asignaturas, y me estoy pegando una panzá de estudiar que no es normal. O el plan Bolonia no es tan fácil, o la UNED es especialmente difícil, o yo soy más tonto que hecho de encargo.

    A parte de eso, sí es cierto que un grado del plan Bolonia básicamente te sirve para substituir el papel higiénico del baño, porque como no hagas un master después, estás jodido. Y también es verdad que no se premia ni el esfuerzo, ni un buen expediente, ni nada. Si no tienes pasta para pagar la universidad, da igual que saques sobresalientes, que ninguna beca a venir a ayudarte. Por supuesto, si las buenas notas se considerasen un criterio a la hora de dar becas, seguro que alguien de izquierdas venía a decir que eso es injusto para los pobrecitos que no saben hacer la O con un canuto porque se pasan el día tocándose los cataplines en vez de estudiar. En todo caso, al parecer, lo correcto es dar becas a los que sacan malas notas, para que se animen.

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