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Salgado, la mentirosa

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Salgado no cambió el decreto por error sino por la presión municipal

La mentira de Salgado, la última, es flagrante y está en la portada de los periódicos. Mientras ella habla de error en la fecha publicada en el BOE, otro sociata presume de haber convencido a Zapatero de dar marcha atrás.

Yo, si digo una mentira me pongo rojo, me dice un amigo por teléfono. En realidad, daría igual que Salgado, Zapatero, Gallardón o Feijóo se pusieran rojos cuando mienten. ¿En qué cambiarían las cosas? ¿Es que Salgado no sabe que su mentira es ya de dominio público? El problema no es que ella se ponga colorada al mentir o no, sino la ausencia de reacción en la población. Parece que exigir honestidad a los políticos es cosa de otro tiempo, algo pasado de moda. Es de “carcas” y de idealistas. Eso ya no se lleva. Si es que algunos te miran con cara de asombro, como diciendo “¿de verdad crees que un político que miente debe dimitir?”

Para un político mentir no está mal en sí mismo, sino si le hace perder votos. Pero, ¿por qué a la gente le da igual que nos mientan? ¿Por qué asumimos que es imposible que un político sea honesto? ¿Por qué renunciamos a exigirlo?

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  1. Tal vez ser mentiroso sea un nuevo valor que a nosotros – tu y yo, carcundias del efímero siglo del neón – nos puede parecer inaceptable. La mentira forma parte de este neo-embrollo sociovitalista donde no sólo mentir se ve bien, sino que es posible que sea una conditio sine qua non . Incluso podríamos considerar el concepto “mentira piadosa” y en el fondo es un intento por “no hacernos sufrir más”.¡Qué buena es la Salgado, que nos ha engañado!
    ¿Te cuento un chiste?

    Esto son dos amigas que se encuentran después de años sin verse, bastante castigadas ambas por el reloj. La una le dice a la otra bastante aspaventosa: “Chica, pero qué bien te veo.. qué bien te conservas, que tersura de piel, qué caderas, qué cutis.. y esos pechos tan turgentes, y esa barriga plana…! La otra, un tanto bloqueada y perpleja, balbucea. “Pues hija no sé qué decir” Y su interlocutora le dice. ¡Pues miente, coño, como hago yo!

    “La mentira es la sombra que acompaña al hombre falso”

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  2. Impresentable. Vergonzoso.
    Qué barbaridad!! ¿Tan difícil es ser honrado?
    Un beso, Dicybug!!

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  3. Es curioso que con lo que le gusta prohibir a ésta no prohíba mentir.

    😉

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