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Las mentalistas

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Mentalista: alguien que usa agudeza mental hipnosis o sugestión. Un maestro manipulador del pensamiento y del comportamiento (The mentalist, serie de TV)

La cuñada

Mi cuñada tiene un concepto clarividente de qué se debe hacer en las reuniones familiares. No de qué debe hacer ella, sino de qué debemos hacer los demás. Y si mi familia no sigue las pautas que ella establece, llegan las malas caras y los reproches, casi siempre a su marido, pero que en cualquier caso sufre toda mi familia. En la última reunión familiar, en plena comida explotó: nos dijo indignada que ya estaba negra de que mi hermano, o sea su marido, y yo, hablásemos de carreras de coches. Tal y como suena.

La primera norma que impuso fue que no se podía usar el ordenador. Esa norma ya viene funcionando desde hace meses. Recuerdo haber llegado un día a una de esas reuniones con ilusión para enseñarle a mi hermano una cosa que había hecho. No pude enseñársela porque ella no se lo permitió. Me invadió la rabia, pero me callé, y solo acerté a no separarme en todo el día del ordenador, una nimia muestra de rebeldía, y a ignorar cómo esta señora relataba su estancia en no sé qué balneario. Desde entonces ya sé que enseñarle algo a mi hermano en el ordenador es buscarle problemas.

Seguramente lo de esta señora no es maldad. Simplemente tiene la profunda convicción de que las reuniones familiares son para hacer A y B o para hablar de X y Z, y se pone negra cuando vé que la gente no se comporta según su criterio. Seguramente ni sabe que los miembros de mi familia podemos tener otras prioridades, otros criterios, otros deseos y otras necesidades, que en cualquier caso no imponemos a nadie. No se puede ir por la vida diciéndole a la gente lo que debe hacer.

La madre

La madre, mi madre, también tiene una forma de ver las reuniones familiares. Está firmemente convencida de que las cosas deben ser de una forma concreta, y no ha dudado en tensar la relación entre los hermanos llevándola al límite, ni en retorcer voluntades recurriendo a lo que hiciera falta, incluyendo el más descarnado chantaje emocional, para que las cosas sean como ella desea. Ha impuesto su visión, su deseo, a todos sin respetar los deseos ni la libertad de nadie. Pero no encontraremos en ella el más mínimo remordimiento: sabía lo que quería y estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para conseguirlo. Lo decía claramente y sin pudor. Lo tenía clarísimo. Lo ha conseguido y está satisfecha.

Yo no lo estoy. No estoy satisfecho. Y es posible que las heridas que ha generado mi madre entre los hermanos no se curen nunca.

Hay tres parámetros clave en las relaciones humanas: el afecto/amor, la confianza y el respeto. Podemos tener trato con personas que no nos quieren o a las que no queremos: sería absurdo pretender que todo el mundo que tratamos nos quiera o que les queramos. Tampoco es necesario confiar en todas las personas que conocemos, ni todas van a confiar en nosotros. Pero no tiene sentido mantener el contacto con personas que no nos respetan. Venimos a este mundo solos y sin obligación de relacionarnos con nadie en concreto. Si alguien no nos respeta, no pasa nada por cortar de raíz la relación con esa persona. No hay obligación de tratar a nadie. No tenemos porqué soportar a nadie que nos muestre su desconsideración o su falta de respeto. No es cuestión de desprecio ni de falta de aprecio, simplemente la elección de con quién queremos pasar nuestra vida.

Unas navidades para olvidar…

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  1. Desgraciadamente las personas siempre existen desde nuestro punto de vista. Es complicado – y tal vez ahí radique la quintaesencia vital – esperar de los comportamientos ajenos pautas que encajen en nuestro concreto y subjetivo plan vital. Los caracteres de las personas están puestos como pivotes o ejes puestos al albur o bien de la providencia o bien del mecanicismo azaroso, en función de lo creyentes que seamos. Ser distintos hace que este mundo no sea un coñazo. Meter la pata, como en este caso le ha pasado a tu cuñada, forma parte de esta curiosa disposición existencial que hace de este” lacrymarum valle” algo menos soseras. Algunas cuñadas entienden las familias como una convocatoria para la San Silvestre Vallecana, en vez de novio o pareja, adquieren un dorsal y entienden el resto de las relaciones como una extraña carrera donde hay que superar rivales, estudiar estrategias, dosificar esfuerzos y si es preciso, sacar los codos. Esto, entendido desde el punto de vista de la maratoniana, debería llenar de orgullo a tu hermano, pues siendo inocente, se puede entender como una muestra – o al menos así lo entienden – de amor especial. “Por ti soy capaz de todo”. El desenfoque viene cuando cortocircuitan dos coaxiales. Un coaxial familiar que viene de lejos, mucho más sólido, más arraigado, compuesto por infinitud de cables formados de recuerdos, experiencias, complicidades, problemas, alegrías, sonrisas, buenos momentos, fraguados, encofrados al amor familiar. Eso es muy fuerte. El coaxial amoroso de temporada es un cablecito muy duro y tenso, pero es un cablecito sólo… la trayectoria familiar de dos hermanos debería ser motivo de respeto para la extraña que viene de fuera, y orgullo para los padres. Sin embargo, es curioso como para los padres esto se supedita, se obvia, se da por supuesto – como al soldado la valentía – y tocan las castañuelas cuando uno de sus hijos encuentra pareja, hasta el extremo de que el coaxial gordo se arrumba, y todo son guirnaldas de opereta para una relación que se supone que hace feliz al hijo. En pocas ocasiones se tasa o evalúa la felicidad que un hermano es capaz de aportar al otro. Es más, se acogota. No sirve. Hasta el extremo de, como en mi caso, si hubiere la desgracia de que perdieras al hermano, el dolor de una viuda, no sé por qué, se supone infinitamente mayor al dolor de un hermano. Es algo totalmente ilógico e injusto, tanto en cuanto yo a mi hermano lo pude querer 27 años, y mi ex cuñada apenas lo llegó a querer diez… si llamamos querer a las cuestiones de alcoba que, como ya se sabe, están sujetas a más factores mucho menos solidarios que aquellos a los que te obliga tu condición de hermano.
    Hay cuñadas que esto lo entienden –la tengo – : pasan a ser complemento familiar y nunca impedimento. Estas son más inteligentes y llegan al mismo sitio, pero con muchas más habilidad, pues saben manejar los tiempos.
    En la tortuosa relación con la persona que políticamente fue la mujer de mi hermano – muerto él, ella no es nada – yo eché de menos, y digo eché de menos: 1º – Mi hermano tenía que haber trazado una gruesa línea que se podía titular “Ojito… que es mi hermano” 2º – Por parte de mi madre: “No consiento que en mi casa se hable mal de ningún hermano.”. 3º Aquí quien tiene que demostrar cosas y ganárselas es el que viene de fuera: ser hermano no se elige, ser cuñado/a es una eventualidad.
    Es entonces cuando volvemos al principio del rollo que te estoy soltando. Las personas son como son. No podemos estar encima de sus reacciones, sentimientos, apreciaciones, preferencias, condicionantes… No te queda más remedio a ti como persona barajar y repartir.
    Las carreras de Maratón tienen un componente que no hay que menospreciar… ¡son 42 kilómetros y pico! Son muy largas… la vida es muy larga, la vida da muchas vueltas. Los finales de estas historias no son como le gustan a Saporima. No suelen acabar a favor del hermano. Normalmente pierde. Por eso, espero que, conociéndote tu hermano como supongo que te conoce, sabiendo que, por lo que intuyo, se asiste a un choque de trenes – los dos salisteis por el mismo “túnel” – se deje todo en manos de la prudencia… Tal vez la “navaja de Ockham” sea el consejo que humildemente te/os puedo dar: de todas las posibles soluciones la más sencilla siempre es la correcta:
    – Por lo que fuera, – sin atender a cómos ni porqués – tú te has sentido ofendido. Por lo tanto el origen del problema es la falta de una disculpa. Haya disculpa.
    – Por tu parte, el aceptarla por muy precaria que sea.
    – Tener el firme convencimiento de que esto ha supuesto un problema grave porque paradójicamente, ha surgido del amor que os tenéis. De no ser así cada uno hubiera seguido su camino y chimpún.
    Me he tomado la licencia que me da tu amistad. Perdona si en algún aspecto no he estado acertado. Aunque venimos a decir lo mismo…

    AMEN

    Un abrazo.

    PD.-
    ¡Todo el día en el ordenador en señal de rebeldía…! ¡Pobrecito! ¡Qué mal lo debiste pasar!

    :mrgreen:

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  2. Dicy, te comento luego, que me llama mi madre a comer…

    BESOS.

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  3. Hola Dicybug,
    Siento mucho que estés pasando por un momento difícil.
    Te mando un dulce beso y deseo de corazón que cicatricen pronto tus heridas y te sientas mejor.

    Responder
  4. Hola Dicybug,
    Gracias por tu visita a mi blog y por tu comprensión. Fue duro!!! 🙂 🙂 🙂
    Un beso!!!
    PD. Otro beso especial.

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  5. (Ruido de fondo de máquina de escribir)

    09:31: “Lazlo” schrieb “polla” in ihrem Beitrag. Es ist nichts anderes als Übersicht.

    🙂

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  6. Que una cuñada puede destrozar y separar familias lo sé de tan buena tinta que mejor me callo, Dicy.

    Podría redactar 6 libros de 2000 págs, y no exagero.

    UN ABRAZO,

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  7. El concepto de respeto es algo bastante difuso. A mí se me ha acusado muchas veces de faltar al respeto… por cosas que nunca se me habría ocurrido que pudiesen verse así (un ejemplo de cuando he tenido que disculparme “a posteriori” por desconocer que había metido la pata).

    Probablemente, para tu cuñada, que tu hermano y tú habléis de cosas que solo os interesan a vosotros, o estéis mirando el ordenador, es una falta de respeto, ya que los convencionalismos sociales dicen que en una reunión hay que intentar buscar temas de conversación que interesen a todos para que nadie se sienta aislado.

    Lo que tu madre y tu cuñada no deben entender es que tu hermano y tú ya no pasáis juntos tanto tiempo como os gustaría, y tenéis que aprovechar para poneros al día cuando buenamente se puede. Esto no las justifica, ni les da derecho a amargaros las navidades, desde luego. Es más, la mayoría de la gente que se porta mal, tiene muy buenos motivos para hacer lo que hace, y piensan que son geniales. No se paran a pensar cuales son los motivos de los otros.

    Siento mucho que lo hayas pasado mal. Si te sirve de consuelo, los vínculos entre hermanos son mucho más fuertes que todo esto. Son más fuertes hasta que las cuñadas estúpidas y las madres autocomplacientes.

    Sí que es verdad que a veces la única solución es alejarse y poner tierra de por medio.

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