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¡Mariquita!

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Estando en una piscina, hace un par de días, presencié cómo un hombre jugaba con dos niños en el agua. Sin duda eran padre e hijos. Los niños debían tener alrededor de diez años. Los juegos eran puramente físicos: perseguirse, pelearse y hundirse. El diálogo padre-hijos que me llamó la atención fue el siguiente:

  • ¡Mariquita!
  • ¿Me estás llamando mariquita? ¡Ven aquí que te pille!
  • No, se lo llamaba a Pedro
  • No digas más, porque ya eres hombre muerto ¡y los muertos no hablan!

¡Mariquita!

¿Qué tipo de persona juega con sus hijos a usar la palabra “mariquita” como un insulto? ¿Los muy machos? ¿Hay que menospreciar a los homosexuales para sentirnos viriles, machos o sementales? ¿Es “dudoso” el que no lo hace?

“¡Ése es un maricón!” decía un familiar político mío a propósito de un vecino imbécil hasta la náusea. Y ciertamente era homosexual, pero ¿dónde se aprende a excluir a los homosexuales de la normalidad, a usar su “condición” como insulto? Si es imbécil, ¿por qué no decimos simplemente que “es imbécil”?

Quizá algún fascista piense que por eso, entre otras cosas, hace falta adoctrinar a los niños con “Educación para la ciudadanía”, para “corregir” la educación que los padres dan a sus hijos. No sé quién es peor, si el hombre de la piscina o las personas que, carentes de cualquier sentido ético, creen que está bien violar los derechos de las personas si “el colectivo” así lo decide. Me acuerdo ahora de un gilipollas al que alguna que otra vez he escuchado decir en una reunión de trabajo: “la comisión es soberana”, que significa “dan igual los argumentos, podemos decidir lo que queramos y si alguien no está de acuerdo que nos denuncie”. EpC supone la intromisión del estado, el peor de los delincuentes, en los derechos de los padres y en los de los propios niños. En el lugar de los padres y contra los padres, por el bien (¡ja!) de los niños. “El fin no justifica los medios”: una frase hecha sin sentido.

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  1. Buenos días, Buggy.

    Buena reflexión y, en parte, enlaza con tu post anterior, por aquello de los prejuicios sociales (facha, homosexual, etc), algunos tan arraigados en España. Vivimos en una país en el que juzgamos (y nos juzgan) constantemente: por nuestra forma de ser, de actuar, por cómo vestimos, por cómo dejamos de vestir, por esto, por lo otro y por lo de más allá.

    Sé que, desde siempre, el tema de la homosexualidad, la homofobia, la consideración social y psicológica de estas personas y todo lo que les rodea, te ha movido a ser combativo y a decir muy claro lo que piensas, defendiendo tu postura.

    Bien, ya sabes que estoy bastante de acuerdo contigo, incluso siendo (o considerándome) cristiano. Por ejemplo, la Iglesia, en estos temas, debería ser más comprensiva, más tolerante y no cerrarles su puerta: hay que aceptar a estas personas como son, sin más, no tratándoles como si fueran enfermos mentales (¡qué error!), sino como lo que son: personas, ni buenas ni malas por naturaleza, sino simplemente personas, como todos.

    Ya te comenté que hay muchos sacerdotes que piensan más o menos así y que, cuando alguien, en confesión o confidencialmente, les revela sus sufrimientos por este asunto, les aceptan con todo cariño y les abren las puertas de su corazón, igual que el buen Dios, el cualno hace acepción de personas (eso está en los Hechos de los Apóstoles, en una visión o sueño que tuvo el mismísimo San Pedro: es decir, que Dios nos acepta, nos quiere a todos igual, como hijos suyos que somos, creados por Él.

    Un gran abrazo, Buggy

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  2. Hola Dycibug

    Yo creo que el insulto de marica y sus variantes lo usan los niños desde pequeños. Y si no lo han aprendido le dicen a otro, en vez de marica, que es una niña. Por el mero afán de competir que tienen, de resaltar y de afirmarse en el grupo. Creo que es cuando somos niños cuando a la vez se demuestran más los instintos animales. De mayores hemos aprendido a controlarlos, o nos dejamos literalmente arrastrar por ellos.

    Pero marica para un niño no tiene ninguna connotación peyorativa para la homosexualidad. Marica es sinónimo de cobardía, que es como ven los niños a las niñas. Un niño tiene que ser valiente, hasta temerario. Igual usan el término subnormal, y no tienen intención de degradar a los deficientes mentales.

    No creo que haya que tomar el todo por una parte. Aunque es cierto que es mejor no insultar, más caritativo que decir maricón no es decir imbécil, es callarse.

    Pero lo de la homosexualidad es un tema peliagudo. Gilbert en su comentario hace una referencia a si son enfermos mentales, diciendo “¡qué error!”. El problema de la enfermedad mental o trastorno psicológico de la homosexualidad es que no se sabe, y no se quiere saber. Cuando a uno le sale un bulto va al médico y le dice si es cáncer, si es una picadura de un insecto, si es líquido sinobial, si no es nada. Pero a ese médico se le respeta su opinión porque es una persona preparada, un experto. Y ya te diga que es una enfermedad o que no lo es, aceptarás su respuesta y actuarás en consecuencia. Quedándote tranquilo si no es una enfermedad, poniéndote a tratamiento si lo es o dejando que siga su curso la enfermedad porque estás más a gusto así que luchando contra ella. Es tu opción.

    En 1973 fue eliminada la homosexualidad del catálogo de enfermedades mentales DSM por violentas presiones del colectivo gay a la APA (American Psychological Association), cuando muchos psiquiatras y psicoanalistas no estaban de acuerdo con esta opción. César Vidal tiene un texto en el que explica la evolución de la homosexualidad hasta ese momento y cómo fue eliminada de ese catálogo -es muy largo y no lo pego en el comentario mío-.

    Lo que yo digo es que no se puede tener miedo a la verdad. Y que los que tienen que decidir qué es o qué no es una enfermedad o un trastorno son los médicos, los científicos. Y lo tienen que hacer alejados de influencias externas y opiniones ajenas a lo científico. Si lo es, que lo sea. Si no lo es que no lo sea. Pero imaginad que es una enfermedad y que una persona no está a gusto siendo homosexual y quiere tratarse -me consta que aún hay muchos psiquiatras que tratan a los homosexuales-: la sociedad se lo impide.

    Se ha excluido de raíz a la discusión científica por lo políticamente correcto y por fuertes presiones. Si yo fuera homosexual me gustaría mucho saber las causas, si es natural, si no lo es, y para esto no valen teologismos ni opiniones personales. Dejemos que los científicos discutan y se aclaren, y puedan concluir.

    Me he dejado llevar por el tema y se me ha ido muy largo el comentario… Un saludo

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    • Bienvenido, Rictus Morte

      por supuesto los niños no son conscientes de lo que están diciendo, ni de cómo les están educando. Pero ahí había un “adulto” (¿lo era?), que en lugar de decirles que no está bien usar “marica” como insulto, reforzaba su comportamiento. Si querían decir “cobarde”, al adulto no le hubiese costado nada educarles, en lugar de maleducarles.

      Yo creo que si los sabios, los científicos, dijeran que la religiosidad (o directamente el cristianismo) es una enfermedad mental, no habría que hacerles caso. Porque una enfermedad mental es otra cosa y porque a la gente hay que respetarla, y puede ser que solamente el plantear la discusión ya sea un insulto. En ningún caso los cristianos son enfermos mentales simplemente por ser religiosos, ¿no crees?

      Es más “natural” ser homosexual que ser religioso.

      ¿Qué habría que hacer con los cristianos si la religiosidad fuera catalogada como una enfermedad mental? ¿Corregirlos? ¿Curarlos? ¿Apiadarse de su desgracia?

      A final de cuentas, considerar la homosexualidad como una enfermedad tiene su origen en la visión religiosa del mundo: los órganos sexuales tienen una misión y cuando alguien no los usa para la misión para la que fueron concebidos, está teniendo un comportamiento erróneo. Sirven para reproducirse y usarlos para otra cosa no es “normal”. Los órganos tienen una misión. Fuera de la religión no somos más que un bloque de materia, de células, y los órganos sexuales no tienen misión, sino comportamiento: no es que tengas que usarlos de cierta forma concreta para reproducirte porque están ahí para eso, sino que al usarlos de cierta forma te reproduces. Ése es su comportamiento, pero no su misión ni su “fin último”.

      Recuerdo haber discutido días y días en un foro de internet con un cura (lo era, aunque no se identificara como tal) sobre esto y a final de cuentas se trata de una discusión religiosa, no científica. La ciencia no puede decir que los órganos sexuales estén ahí para que nos reproduzcamos. Si es ciencia se limitará a constatar que al usarlos, nos reproducimos. La ciencia no habla de bien, de mal o de la “misión” para la que fue concebida cada parte del ser humano.

      ¿Que los científicos digan si la homosexualidad es una enfermedad mental? Pues va a ser que no, porque lo único que estarían dejando claro es su visión religiosa de la vida, de si los órganos reproductores están ahí “para algo”, o si simplemente se comportan de cierta manera. Es decir de si los que opinan son conscientes de dónde acaba su papel como científicos y dónde empieza su religiosidad. Y como la mayor parte de los seres humanos son estúpidos, lo mejor es no tentar a la suerte preguntándoles su opinión y mucho menos aceptar su veredicto.

  3. Este comentario es soberano o 103…

    Yo creo que el problema no es ser homosexual, heterosexual, negro, chino, gitano, payo, incluso de derechas o de izquierdas.. el problema es ser imbécil…

    Y que el hombre se reencontrará consigo mismo cuando hable directamente al corazón de las personas…punto.

    Lo de EpC (es por si cuela) es de imbéciles.

    Yo soy imbecilófobo, pues.

    Responder
  4. Dicybug, totalmente de acuerdo contigo y con my dear profe Ariovisto.

    Absolutamente de acuerdo.

    UN ABRAZO, AMIGO.

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  5. Hola Dicybug,
    Yo también estoy de acuerdo contigo. Los niños no hablarían así si no hubiesen escuchado a un adulto o a otro niño que a su vez escuchó a otro adulto… Y aunque sean habituales ese tipo de bromas, a mí también me chirrían los oídos cuando las oigo…
    Un beso!

    Responder
  6. A mí me molestan mucho más las disquisiciones intelectualoides sobre la esencia de la homosexualidad, como ésta que descuartizaré en el blog en cuanto tenga un momento (lee, lee, que son unas risas), que el que alguien insulte a otro llamándole “marica”.

    Un abrazo, Dicybug.

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  7. No a todo,
    pues sí que me he reído. Es muy bueno. Esta parte es genial:

    “5) El último caso es el único que no está unánimemente considerado como enfermedad directamente ligada a la homosexualidad, sino que algunos consideran que sólo se trata de una depravación que más bien dentro de las anomalías psicológicas causadas por el abuso del sexo: Se refiere a las personas que han crecido fuertemente dominadas por la masturbación y que, poco a poco, por no imponer su voluntad a los deseos del cuerpo, se han ido entregando a un total desenfreno con las mujeres, hasta que están hartos, y como la copa del placer acaba vaciándose por no saberla administrar, su cuerpo, que está totalmente dominado por la animalidad, les conduce a tomar nuevas vías, con tal de satisfacer su placer, y así comenzarán a probar de todo, porque su sistema nervioso está plenamente dañado por la reincidencia en el vicio sexual, se aficionarán entonces a la homosexualidad, que les lleva también a la pedofilia, y con el tiempo cada vez a un mayor número de depravaciones sexuales, como la zoofilia, la necrofilia, etcétera. Éste es el tipo de homosexualidad más frecuente hoy en día, cada vez más fomentado por las modas y la falta de formación, así como por el progresivo desenfreno materialista y carente de valores de la sociedad actual.”

    Si es que se empieza masturbando uno y lógicamente se acaba con la necrofilia…

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  8. Jajajaja.

    ¿Y qué me dices de “un homosexual común sodomiza 108 varones al año, traga el semen de 48, permite que le penetren 68 e ingiere heces de 19 como media”?

    Responder
  9. No a todo,
    esas estadísticas están claramente manipuladas. Faltan todos los niños, perros, caballos y muertos con los que mantienen relaciones sexuales, en término medio. Si se hace un estudio estadístico, luego hay que dar todos los datos.

    Un abrazo

    Responder
  10. ¿Quienes son peores, los que insultan a los homosexuales o los que pretenden lavar cerebros adoctrinando a los niños de pequeños con asignaturas como EPC? Pues está claro: son igual de malos, aunque las acciones sean distintas.

    Respecto al comentario de Rictus Morte… Podría escribir mucho sobre la cuestión, pero este es el blog de Dicybug y no el de Variablex. Haré un breve resumen.

    Vivimos en una sociedad binarista en la que se presupone que todo el mundo debe ser hombre o mujer, y todos los hombres y mujeres tienen los mismos gustos o similares. Esto, es una simplificación de la realidad que resulta útil porque se cumple en la mayor parte de las personas. Sin embargo, la realidad humana es más rica y variada, y, como todos sabemos, no hay dos personas iguales.

    Sin embargo, se nos ha hecho creer que esta simplificación de la realidad es la realidad, de modo que mucha gente actúa como si esa simplificación fuese cierta. Cuando aparece un caso que no se ajusta a la norma, simplemente se “patologiza”, se dice que es una enfermedad, o “la excepción que confirma la regla”. Por ello la homosexualidad se consideró como una enfermedad, cuando lo cierto es que las personas homosexuales están perfetamente sanas.

    Para más indicaciones, te recomiendo que mejor te pases por mi blog, que si bien no habla de homosexualidad, porque yo no soy homosexual, sí que habla de bisexualidad y transexualidad. En breve escribiré una entrada sobre las consecuencias de que la transexualida sea cosiderada como enfermedad, si bien ya escribí varias entradas, desde una óptica más inocente y menos informada hace una buena temporada. Si te pasas por allí, serás bienvenido.

    Un saludo a Dicubug tras unos días de descanso blogero y mundanal en general.

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