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Un día en las carreras…

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Más que un día habría que decir un cuarto de hora. Poco, pero intenso.

Este mediodía, después de haber pasado por la mañana más de tres horas al coche, me ha llamado mi hermano para decirme que se iba a un pista de karts y que si me apuntaba. Claro, después de meses practicando en el PC, ¿cómo decir que no? Así que poco antes de las seis de la tarde partíamos hacia unas pistas que hay al sur de Valencia. Hemos llegado de milagro: la novia de mi hermano al volante, mi hermano manejando el GPS y el mapa de google maps, y yo creando entropía desde el asiento trasero. Pero el destino sabía que hoy había debú, y hemos llegado física y mentalmente preparados.

Primera ronda. Nos dan una especie de pasamontañas fino, supongo que para no manchar el casco, sobre él nos ponemos el casco y nos sentamos en los monoplazas. El encargado arranca los coches con un cordel, como si de una lancha motora se tratase y allá que vamos, yo el primero. Al poco de salir mi hermano se me cuela por el interior como un cohete y a las pocas curvas casi desaparece de mi vista. ¡Qué desastre! ¿Cómo puede ser? Cuando uno se sube al kart solo tiene un objetivo: ser más rápido que tu hermano. Y si tu hermano te supera, ¿qué puede estar pasando? A las pocas vueltas (unas siete) nos indican que debemos parar. Más bien el coche se para solo justo antes de la entrada al aparcamiento de los karts, como obedeciendo las órdenes de sus amos, o quizá reflejando que no hay gasolina para más. Pero no se para el motor por sí mismo, lo apaga el encargado. A los pocos minutos nos entregan una hoja con los tiempos por vuelta: ella quince segundos por vuelta más lenta que yo (lógico, leches, que el que juega a los coches en el PC soy yo) y mi hermano ¡unos dos segundos por vuelta más rápido! Era de esperar, no en vano me había adelantado en pista con gran facilidad, pero no me lo explico.

Segunda ronda.  Es mi oportunidad. Hay que ir al límite. Poco antes, mientras tomábamos algo fresquito en el bar hemos estado viendo a unos chavales correr, y estaba claro que podía forzar más. Desde el principio le aprieto al máximo, cambio las trazadas buscando la máxima velocidad, apuro las frenadas. Al coche no le puedo pedir más, pues en varias curvas derrapa o se me vuelve algo inestable. Está claro que voy a por todas, o sea que lo voy a dar todo para ganar a mi hermano. Cuando llevamos un par de vueltas, de nuevo mi hermano, que ha salido detrás de mí, me pasa con gran facilidad. ¡Qué decepción! Pero sigo tratando de ir al límite, con la esperanza de que al menos mi mejor vuelta sea más rápida que la suya. Termino la “carrera” muy contento, pensando que lo he hecho razonablemente bien, con trazadas mucho mejores que en la ronda anterior y con más tiempo con el acelerador al máximo. Una vez bajamos del coche nos dan la hoja con los resultados. He bajado diez segundos mi mejor vuelta. Bien. Ella dos décimas de segundo más lenta que yo, y él siete décimas más rápido. ¿Cómo se explica esto? Los coches tienen velocidades parejas, pues los chavales acababan de correr con ellos y no se apreciaban diferencias.

¡Vaya mierda! Superado por mi hermano…

Nos subimos al coche (al de verdad) y de pronto veo la luz. ¿Cuánto pesa ella? ¿Cuánto pesa él? ¿Cuánto peso yo? Ahí encuentro la salvación al desastre. Si ellos hubiesen llevado el “lastre” que llevaba mi coche, posiblemente (¡seguro!) las cosas habrían sido muy diferentes. ¡Joder, si es que yo llevaba el ancla echada! Aun así mi hermano se queda más contento que unas castañuelas por haber sido el más rápido.

Ha sido un rato muy divertido. La sensación de velocidad es genial, pero a uno le queda la sensación agridulce de que mi monoplaza no superó la lucha contra “los elementos” (uséase kilos).

Próximamente sacaré a la venta mi libro: “Métodos avanzados de autoconvencimiento”, en lo que espero que sea un best-seller que me saque de pobre.

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  1. ¡Qué envidia! (Y no digo “de la mala” porque no creo que exista una “envidia sana”).

    ¡Qué divertido!

    Cuando estaba en la facultad hice durante tres años consecutivos unos cursos de “conducción segura” que organizaba la Xunta de Galicia. Unos monitores de autoescuela nos enseñaban durante un día entero (seis horas de teoría y seis de práctica) a conducir en situaciones de riesgo; con carretera mojada, con y sin ABS, circuitos, obstáculos…

    No veas la cantidad de adrenalina que se soltaba, sobre todo cuando hacías al final un circuito con obstáculos en el que algunos monitores (los más majos) cuando estabas girando en una curva muy pronunciada tiraban de freno de mano para que se te fuera el coche y tuvieras que corregir…

    Repito. ¡Qué envidia!

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  2. Bufdf, por un momento pensaba que hablabas de política… metafórica.

    ¿Qué se siente al perder? Nada Dinobug, nada.. Ya pasó.

    Bye.

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  3. Hola Dicybug,
    Qué divertido!!
    Aunque no creo que alivie en nada tu dolor, te diré que a mí me habrías ganado seguro… 🙂
    Un beso!!
    PD. Ni se te ocurra hacer una broma sobre mi peso!!!

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  4. ¡Qué suerte tienes, Buggy!

    Eso sí que es diversión. yo me he pasado la mañana al teléfono, que tambien es muy bonito, porque ves lo que la gente (familia, amigos, políticos, monstruos…) te quiere y que se acuerdan de ti (aunque sea para acordarse de tu árbol genealógico). Pero al teléfono toda la mañana y no me han dejado ni dormir la siesta, con lo me gusta a mí, que me eho siesta de seis horas (¿no se llama siesta? será por algo).

    Pues, fíjate, que yo pensaba que ibas a hablar de la peli de los hermanos Marx, que son otras de mis aficciones (cada vez me veo más friqui, casi como Mienmano, jejeje…), pero veo que no, que eran carreras de verdad y qué envidia, pero sana, como te decía No a todo, que no te decía que no, pero que sí, que ojalá hubiéramos echado esa carrerita nosotros, aunque la perdiésemos. Da igual.

    Bueno, si tú has perdido por el lastre, imagínate yo, que tengo la mochila incorporada en la parte delantera y otro bolsón (sin ser Bilbo) en la parte trasera, que me dicen si se me está cayendo la cartera con los bollicaos… Yo estaría en el circuito todavía, dando vueltas en círculo, por lo de circular, hasta que se le acabase el gasógeno al kart… Que además lo habrían tenido que llevar a reparar por el peso, por mis partes alícuotas, que son bastante abundosas. Uno que es generoso en sus carnes…

    Me alegro de tu diversión y te agradezco mucho el detalle de felicitarme (en lo de genio te has pasao, aunque se agradece mucho que te tengan en tan alto concepto; ya que uno es ancho, está bien que tus amigos sean largos contigo). ¡Eres un tipo fenomenal! Y no creo que estés gordo. La interpol me ha mandado tu retrato robot y yo te veo bien, jejeje… Comparados conmigos, todos parecéis sílfides de los mares…

    Te pongo una escena de peli, a ver si te gusta. Si no, dilo, y te pongo otra, para ver si con la insistencia te enganchas, jejeje.

    Un fuerte abrazo, Superbuggy (¿no será que te has montado en Herbie…?)

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  5. Jopelines, es verdad. ‘Me se’ ha adelantado Ariovistus, y yo que no lo había visto, Ariovisto. Bueno, ya si recordase las url de youtube, sería un genio de verdad.

    Te pongo otro, pero no Un día en las carreras. A ver si te gusta, Dicygus…

    Un abrazo de (ronda de) noche

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  6. Me rindo, me rindo. Es que esa peli es la que más veces he visto en mi vida. No te exagero si te digo que más de cien veces… Me sé diálogos enteros. Una confesión íntima, ahora que no nos oye nadie: de niño, con unos doce años, me disfracé de Groucho y todo. Hay fotos que atestiguan el ridículo, Dios mío, me pusieron un purazo en la mano, e incluso me pintaron un bigote y todo… Estaba encantado, en mi papel de ‘miniGrouch’, jejeje…

    Me rindo, que es muy tarde y ni te pongo más vídeos ni te doy más la brasa. Por cierto, igual te acuerdas de que lo de los ‘huevos duros’ lo usó Felipe González una vez en el Congreso para atacar a la oposición (¿?), como quien dice ‘sí, lo que digáis, y encima dos huevos duras más’. Ya preludiaba el Zapaterato que hoy sufrimos.

    Ahora sí que sí, me voy a la piltra. Que descanses y sueñes que las ‘angelitas’, jejeje.

    Abrazos

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  7. ¡Es el anillo, Sam! Siento su fuerza, me ciega y empuja hacia el ojo que todo lo ve…

    😉

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  8. ¡¡Dicybug, qué envidia más cochina tengo por tu carrera!! Lo de ganar o perder es casi lo de menos; lo que cuenta es la descarga de adrenalina que te has pegado y lo mucho que te has divertido.

    Genial G. Marx… Irrepetible.

    UN ABRAZO,

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  9. Que sepas, simpático, que aun sin tú querer has participado en el agasajamiento y reverencia ante la efemérides de tal prócer como yo, pues el regalo de mi hijo empieza diciendo…
    -Deberíamos volver ya, – instó Gared mientras los bosques se tornaban más y más oscuros a su alrededor-Los salvajes están muertos.

    – ¿Te dan miedo los muertos? – preguntó Ser Waymar Royce, insinuando apenas una sonrisa.

    Canción de hielo y Fuego, Juego de Tronos.

    Un chico listo.

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  10. Lo que pasa es que no es lo mismo ensayar en el ordenador que coger un coche de verdad… Sí, estoy seguro que el problema fue eso de los kilillos… además, seguro que tú eres más guapo que tu hermano.

    Cualquier cosa es válida para consolarse cuando tu hermano te derrota. Lo sé, yo tengo una hermana…

    ¿Estás leyendo Juego de Tronos? Te compadezco… acabas de unirte a los millones de lectores de todo el mundo que seguimos la saga y nos preguntamos con angustia, no sólo cuando saldrá el próximo libro de la saga, sino cuando lo traducirán al español los cabritos de Gigamesh, que la última vez se tomaron un par de añitos.

    Yo tengo todos los libros que han salido hasta el momento… ¡Autografiados por el autor! Lo malo es que desde entonces hasta ahora he cambiado de nombre… pero no importa. ¡Tengo los libros autografiados!

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  11. Respondiendo a tu comentario (no lo había visto), hay una diferencia entre no ponerte un sello en la frente que diga “soy transexual” y explicar los problemas que tuviste cuando te operaron de fimosis, o que te libraste de la mili por tener los pies planos.

    No es necesario ir exhibiéndose por ahí, pero tampoco me parece que sea bueno esconderse. Los armarios son estrechos y oscuros.

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  12. Preocúpate. Aunque el grosor de los libros es considerable (¡¡y el tercer tiene dos tomos!!) se leen a una gran velocidad. Si El Señor de los Anillos es una de las obras de referencia en el género de la fantasía, Canción de Hielo y Fuego lo iguala o quizá incluso lo supera… Aunque en realidad, siendo el mismo género, ambas obras no son comparables.

    Respecto a lo de los armarios, en efecto, se trata de un problema social. Llegará el día en que ser o no ser transexual podrá ser visto como algo natural… o eso espero. Sin embargo la “normalización” de esta situación no llegará si nadie se anima a comportarse como si fuese algo natural, que en realidad lo es. Tenemos que empezar librándonos de nuestros propios complejos, creo.

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