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Comidas de navidad

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En la empresa en la que trabajo, y supongo que en casi todas, es tradicional organizar una comida cuando se acercan las fiestas navideñas. Creo recordar que no he ido a ninguna, y ya llevo unos cuantos lustros por estos lares.

¿A santo de qué tengo que sentarme a la misma mesa que personas a las que no soporto, o personas que me la van a clavar por la espalda sin ningún miramiento cuando les convenga, o personas que ya me la han clavado, o personas que sencillamente tienen una forma de ser que me desagrada o cuya tendencia política está enfrentada con la mía? Cuando como no estoy trabajando, y cuando no estoy trabajando me relaciono con quien me apetece. ¿Voy a comer con esas personas porque la comida me la pague la empresa y sirvan entrecote a la pimienta o lubina a la espalda? Prefiero comer un bocadillo de turrón y polvorones sin acompañantes.

Uno no siempre escoge con quién trabaja, pero sí con quién come.

Hace poco me comentaba un amigo, militar de carrera, que él no asistía a las comidas/cenas oficiales y que así le lucía el pelo, quedando apartado de ascensos o promociones. Unos años atrás, en el mismo sentido, cuando me hicieron en mi empresa una jugada que no viene al caso, un compañero de piso me dijo que eso me pasaba por no ir a almorzar todos los días con ellos. Puede, por tanto, que sea la pescadilla que se muerde la cola: la falta de integración que supone no ir a esas comidas favorece que se produzcan las puñaladas, lo que desemboca en una falta de integración aún mayor. La profecía autocumplida: no me quiero comer con quien no me gusta y mi comportamiento facilita que esas personas hagan cosas que harán que me gusten aún menos.

Uno puede unirse a las hienas en las comidas y conseguir con ello no ser devorado por ellas. La cuestión es si al hacerlo uno se tiene que convertir en hiena, o por el contrario las hienas se transforman en buenas personas y buenos amigos. Pues eso, una cosa es el trabajo, y otra cosa es compartir mantel.

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  1. Y tanto, lo que ocurre, mi buen amigo, es que tienes mucha mili. La cena de los idiotas, en su versión la cena de los hipócritas. De todos modos hay otras “comidas” de Navidad que no están nada mal. (Qué malo soy)

    A propósito de esto te dejo este enlace que habla de hienas
    http://es.youtube.com/watch?v=TK9G21dxrqA&feature=related

    no es un villancico precisamente.

    Por cierto, ¿recuerdas la frase “A mí la legión”?

    Patético.

    Morning.

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  2. A los que nos cuesta ser hipócritas la vida a veces no nos trata demasiado bien. Pero yo sigo fiel a mis principios.

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  3. Hola Dicybug,
    No sé… En esas comidas con tanta gente con un poco de suerte puedes pasar un rato agradable. Aunque es verdad que puede ocurrir que tengas la mala suerte de coincidir con la persona con la que menos congenias y en ese caso te quedas con la sensación de que podrías haber dedicado ese tiempo de tu vida a hacer cualquier otra actividad más gratificante.
    En mi caso yo prefiero intentar integrarme en el grupo compartiendo parte de mi tiempo personal con mis compañeros de trabajo (comiendo con ellos, por ejemplo). Siempre hay gente con la que encajas más, con otros menos, pero como pasamos allí tantas horas es agradable sentirse acogido y apreciado. Y aunque sé que probablemente cuando surjan situaciones delicadas muchos me decepcionarán, prefiero vivir con la ilusión de que todos son buenos. Cuando llegan los batacazos, lo paso mal y me recupero pasado un tiempo, pero mientras he intentado disfrutar de su compañía lo máximo posible. Supongo que no hay soluciones perfectas, cada uno hacemos lo que podemos…

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  4. Hola Petite,
    ¡bienvenida a mi helada morada!
    No saber ser falso e hipócrita es un defecto para ciertas cosas y en ciertos ambientes. Yo también soy defectuoso y no quisiera ser capaz de “camuflarme” entre personas que no son buenas.
    Un abrazo

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  5. De todas formas, siempre hay casos y casos. Imagino que yo tengo la suerte de tener unos compañeros con los que mi opción, es una opción válida. En casos más extremos, posiblemente no lo sería. Un beso.

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  6. Hola saporima,
    todo depende de qué tipo de gente estemos hablando. Yo antes trabajaba en otro lugar y no tenía ningún problema en comer con mis “amigos del trabajo”. Al contrario. Pero cuando los compañeros no son amigos…

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  7. Hola, Dicybug.
    Buena reflexión sobre un tema propio de estas fechas y en la que no te falta razón. Las comidas / cenas de empresa con motivo de los festejos navideños pueden ser de lo más insoportable. Conociéndote un poco, como te conozco, me paarece que cuadra muy bien tu opinión con tu forma de ser. Es mejor no ser hiena hipócrita, aunque los compañeros nos critiquen por ‘no hacer grupo o pandilla’ o dejar de ir a esas comilonas. Además, se puede uno indigestar, y no de comida, sino de oír al inaguantable Meléndez contar sus chistes, los mismos cada año, ¿verdad?
    Ya dijo Rubén Darío aquello de
    ‘De la epidemias
    y las academias
    ¡líbranos, Señor!’,
    a lo que tú podrías añadir:
    ‘De los comilones
    y los hipocritones,
    ¡líbranos, Señor!’

    Un fuerte abrazo, Dicybug.

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  8. Hola, Dick Tracy.
    Gracias por el comentario. Por cierto, yo no he ido este año a ninguna fiesta de Navidad. Debemos ser los únicos…
    Un abrazo

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  9. Hola Dicybug,
    Muchas gracias por tu comentario. Estoy de acuerdo contigo. Creo que cuando un alumno hace una valoración de un profesor, ésta se ve muy influida por la opinión que tiene el alumno del profesor como persona. A un profesor amable y educado se le puede perdonar en mayor medida que sea un poco desordenado o incluso que no lleve muy bien preparadas las clases. Creo que los profesores tenemos que intentar cumplir las dos cosas (por otro lado, posiblemente vinculadas como tú sugieres): por un lado, tratarles con todo el respeto que merecen, y por otro, intentar guiarles lo mejor posible por el camino de su aprendizaje.
    Un beso.

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  10. Buenas, Dicybug.

    Comidas navideñas de empresa, no tendré, pero familiares, madre mía, ni que no hubiéramos comido nunca, amigo. Ayer en casa de mis suegros comimos hasta reventar: aperitivos varios y millonarios (por el número y la calidad), gulas (pecaminosas y de las otras), pularda rellena y acompañada con compota de manzana, postres, turrones, bombones y mil delicias turcas…
    Tengo el buche que me topa con el teclado del ordenador.
    ¡Bicarbonato, Dicybug, por piedad…!

    Un fuerte abrazo, amigo

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  11. tinkerbell310

    Quizás para evitar que gente que no se soporta se sentase en la misma mesa, mi empresa lleva, desde hace dos años, haciendo la comida de Navidad tipo cóctel, o sea: de pié. Así eliges con quien estar y con quien no. La explicación oficial es que somos demasiados para sentarnos a todos y a un buen precio…

    De cualquier forma, luego está el hecho de que los jefazos conviertan la comida de navidad en algo obligatorio y se acabe señalando con el dedo a quien decide no ir. He oido comentarios de todo tipo: “mira, ésa no va…seguro que se ha peleado con alguien”. A lo mejor no va porque tiene algo mejor que hacer, ¿no? En fin…la Navidad es, como dice uno de mis amigos de la Facultad, lo más falso del año.

    Responder

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